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Diabetes gestacional, un mal en aumento

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El estilo de vida actual, el sedentarismo y la mala alimentación son algunas de las causas que pueden gatillar esta enfermedad durante el embarazo. Prevenirla es posible, por lo que pon atención a lo siguiente y disfruta al máximo de esta etapa. 

Estás embarazada, comienzan los 9 meses de espera y quieres que todo salga de la mejor manera, pero hay ciertas precauciones que debes tener en cuenta para que no aparezcan algunas patologías propias de la gestación, como lo es la diabetes gestacional. Considerada la enfermedad más común durante esta etapa, la sufren entre el 2 y 10% de las mujeres. Por eso a continuación, con la ayuda de Violeta Villarroel Matilla, enfermera matrona y coordinadora de enfermería de Universidad del Pacífico, te damos a conocer más sobre este mal, que puede prevenirse y también tratarse, y que -por lo general- desaparece una vez que nace tu hijo.

Este trastorno se desarrolla exclusivamente durante el embarazo y, básicamente, significa que los niveles de azúcar en la sangre están muy altos, puesto que las hormonas de esta etapa pueden bloquear el trabajo que hace la insulina. Entre el 2 y el 10% de las futuras mamás pueden llegar a sufrir este mal, y es una de las patologías más comunes de la gestación. “Los factores de riesgo asociados a esta son tener historial de familiares directos (padres, hermanos), haber tenido un embarazo previo con diabetes gestacional, antecedentes de muerte fetal sin causa aparente, de recién nacido grande o macrosómico, de feto actual creciendo sobre percentil 90, exceso de líquido amniótico (previo o actual) y, por último, obesidad”, sostiene la especialista.

Por lo general la embarazada no presenta síntomas, por lo que, para descartar este mal, entre las semanas 24 y 29 se le realiza una prueba de tolerancia a la glucosa. Esta se efectúa con la mujer en ayuno entre 8 y 14 horas, luego de lo cual debe ingerir una solución de 100 gramos de glucosa, para posteriormente tomar muestras de sangre en ayuno, a la hora, 2 y 3 horas post sobrecarga. No obstante, quienes presenten factores riesgo para este tipo de diabetes, pueden hacerse este examen en una etapa más temprana.

Peligros para el feto

Cuando aparece esta enfermedad, y no está controlada como corresponde, hay mucho azúcar circulando por la sangre que le llega directamente a la guagua. Es como si lo estuvieras sobrealimentando y el resultado es que tu hijo engordará mucho. Por esta razón, el parto vaginal puede ser más difícil y puede ser necesaria una cesárea.

Este exceso de peso se conoce como macrosomia, lo que puede hacer que uno de los hombros del bebé se quede atascado en el canal de parto, por lo que el doctor deberá intervenir para hacerlo nacer.

En cuanto a las complicaciones para la mujer, dar a luz a guaguas muy grandes también puede producir heridas y lesiones en la vagina, o bien requerir de una episiotomía grande (un corte en la parte exterior de la vagina). Asimismo, quienes sufren de esta condición pueden tener más riesgo de desarrollar preeclampsia, especialmente si padecían de obesidad antes de quedar embarazadas, o si sus niveles de azúcar en la sangre no están muy bien controlados.

Los niños de mujeres que padecieron de diabetes gestacional pueden presentar consecuencias luego de nacer como desarrollar ictericia, policitemia e hipocalcemia. Además, pueden tender a ser obesos durante su infancia y edad adulta. Otro de los efectos de todo ese azúcar que circulaba por la sangre y le llegaba a tu hijo, es que esa pequeña personita debe fabricar mucha insulina para que esa gran cantidad de azúcar entre en sus células. Cuando nace, su páncreas sigue produciéndola, pero como ya no está recibiendo el azúcar que tú le estabas suministrando, esta insulina excesiva consume de inmediato la glucosa del bebé, que ahora tiene un nivel normal. Esto es conocido como hipoglucemia. Si esto pasa te recomendarán que lo amamantes lo antes posible.

¿Cuáles son sus tratamientos?

Tal como sostiene Violeta Villarroel Matilla, enfermera matrona y coordinadora de enfermería de Universidad del Pacífico, “este se debe orientar al control metabólico materno, siendo el principal tratamiento la dieta, con un restringido consumo de hidratos de carbono (pastas, pan) y azúcares. Si este tratamiento no es suficiente se agrega la Insulinoterapia, que consiste en la inyección subcutánea de insulina. Más del 90% de las pacientes diabéticas gestacionales se controlan adecuadamente solo con el régimen. Otro punto a observar son los exámenes obstétricos y la evaluación de la condición fetal, manteniendo un control normal hasta las 28 semanas, luego cada 2 semanas hasta las 34 semanas y, más adelante, semanalmente hasta el término del embarazo; poniendo hincapié en el valor de la presión arterial, altura uterina y estimación del peso fetal”.

Para prevenirlo…

– Consume verduras, en especial vegetales verdes como espinaca y acelga.

– Incluye frutas en tu dieta.

– Elimina el azúcar de mesa y sustitúyela por stevia o sucralosa.

– Distribuye las calorías en al menos cinco comidas diarias.

– Aumenta la ingesta de fibra.

– Practica ejercicio con regularidad.

– Asiste a todos tus controles con el obstetra, matrona y nutricionista.