Inicio » 0-24 meses » Lactancia: El lado B

Lactancia: El lado B

0-24 meses

mama-y-bebe-and-kids-lactancia-materna

Muchos artículos hablan de la importancia de amamantar a nuestros hijos durante el mayor tiempo posible. Sin embargo, un número importante de mujeres no viven esta experiencia y no por ello son peores madres. Si eres una de ellas, dile adiós a las culpas.

Si uno ingresa a Internet y busca la palabra “lactancia”, encontrará cientos de reportajes que hablan de sus beneficios los que son innegables. Pero hay muy poca información para aquellas madres que por diversos motivos no producen leche y tienen que recurrir al famoso “tarro”.

Alejandra (30) recuerda que previo a que le dieran el alta en la clínica, solicitó que le informaran cuál era la leche que debía comprar en caso que su hija recién nacida, Agustina, no quedara satisfecha. El pediatra reticente le dio dos posibles opciones.

A ella el tema del amamantar la angustiaba, no sólo porque sentía mucho dolor producto de las heridas provocadas por la succión, sino que además debido a que la leche no le había bajado y ver que su hija quedaba con hambre le generaba un stress que a la larga hizo que se le cortara la poca leche que tenía.

Si bien existen diversas situaciones que pueden llevar a una madre a no poder amamantar, la Psicóloga de la Universidad Católica y experta en apego, María José Ugarte, asegura que en general se debe a un desencadenamiento de sensaciones emocionales como ansiedad, angustia, frustración y culpabilidad, entre otras, que pueden afectar no sólo a madres primerizas.

“La lactancia debiese ser una instancia de total conexión entre madre-hijo, y por lo mismo cuando este vínculo no se logra, las mamás comienzan a tener percepciones de ambivalencias sobre el nuevo rol que están ejerciendo (aunque no sean primerizas),  y ciertamente el bebé recibe estas sensaciones. Hay que considerar que somos seres sociales y nacemos dispuestos a establecer una fusión emocional con la madre, la cual está estrechamente relacionada con el “estado” en que  ésta se encuentre”, asegura María José.

Entonces, como el recién nacido es capaz de percibir todas las emociones de su madre, si ella siente stress, por ejemplo porque no tiene leche suficiente, el hijo probablemente tienda a no querer mamar.

Al respecto, la experta afirma que “dependiendo de los meses que tenga el bebé, si es un recién nacido con el olfato muy desarrollado, es posible que perciba un olor distinto al que está comenzando a identificar como “mamá”, y por lo cual el acople no fluya. Esto debido a que la madre ha entrado en un estado emocional distinto, que la ha llevado a desbalancear el PH de su piel. Por tanto, mientras no logre reconectarse y entrar en la pasividad necesaria para que su bebé se vuelva a sentir a gusto, ambos estarán en una dinámica que les afecta”.

Es aquí cuando -al igual que Alejandra- se recurre al relleno como la mejor opción. Y si bien las fórmulas hoy en día son de muy buena calidad, lo importante pasa a ser el tan nombrado “apego”, que hace referencia al vínculo que establece madre e hijo y que por lo general se asocia al amamantamiento.

Pero no es la lactancia materna no es la única forma de lograrlo. María José Ugarte asegura que si bien amamantar fortalece el vínculo, no lo determina ni garantiza que un hijo vivenciará un apego del tipo seguro (ya que existen otros tipos), puesto que “es una relación afectiva que establecemos y fortalecemos desde la gestación en adelante, y que nos invita cada día a reparar. Por tanto, no se determina por la cantidad de tiempo que se amamanta, sino que es un proceso mucho más amplio y como dice el autor de ésta teoría “…de la cuna a la tumba…” (J. Bowly, 1960)”.

A pesar de ser una relación de tiempo, hay muchas mamás que se preguntan cómo poder fortalecer este lazo y las recomendaciones son vincularse con el hijoa través de una entrega total, ya que ellos demandan lo que necesitan, ni más ni menos.

“Por eso es importante hacerlo desde el lenguaje de la emoción, lo que implica miradas, caricias, verbalizaciones, tocarse, olerse, fundirse (si vemos bien, influye tanto lo verbal, pero por sobre todo lo no verbal),  porque con eso le estamos demostrando que estamos ahí en total sintonía”, afirma la experta.