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Bebés prematuros, llegar antes de tiempo

0-24 meses

Prematuro

En Chile la tasa de partos prematuros no ha variado de 5%; sin embargo, es un tema preocupante, ya que según el Ministerio de Salud, el 75% de las muertes de recién nacidos es atribuible a esta situación.

Para que el desarrollo de la guagua esté completo y nazca en las mejores condiciones, hay que esperar 9 meses o 40 semanas dentro del útero. Sin embargo, hay veces en que se adelanta el nacimiento involuntariamente, complicando un poco su salud. En este caso, si es que sucedió antes de las 37 semanas, corresponde a una guagua prematura.
De acuerdo a antecedentes, el 10% de los partos se adelanta de manera precoz, entre los que están los prematuros tardíos (entre 34 y 37 semanas), que son considerados de bajo riesgo, y los prematuros menores de 32 semanas, en los cuales el peligro es mayor. En estas situaciones, los centros hospitalarios están acondicionados para recibirlos y entregarles todos los cuidados necesarios. Esto puede ser causado por varias patologías, como algunas infecciones o malformaciones, pero la mayoría de las veces no hay una razón definida.

El embarazo

Si la mamá tiene algún problema en el embarazo, entre las 24 y 34 semanas le recetarán corticoides para frenar los posibles riesgos de un parto prematuro, y también para que madure el sistema respiratorio del bebé y mejoren sus posibilidades de sobrevida.

Durante mucho tiempo se intentó definir la causa de este problema, pero fue imposible determinarlo. Aún así, hay condiciones que afectan la gestación, como enfermedades que tenga la madre, sean estas renales, cardiacas, respiratorias, anemia o diabetes. Sin embargo, el único antecedente que califica a una mujer como ciento por ciento riesgosa de tener un parto prematuro, es que haya tenido antes un embarazo de pretérmino, es decir, que se haya producido el parto previo a las 34 semanas.

Lo aconsejable es evitar lo más posible un parto prematuro. Esto se puede lograr mediante reposo y medicación útero inhibidora endovenosa u oral, dependiendo de la gravedad. Si no se puede retrasar el parto, es importantísimo que el lugar donde se tenga a la guagua cuente con todo lo necesario, o sea, doctores y un equipo adecuado.

El recién nacido

Una guagua que pesa menos de 1.500 gramos tiene un riesgo de morir en su primer año de vida 180 veces superior al de un neonato con un peso mayor a 2.500 gramos. Además, los prematuros son 17 veces más propensos a enfermarse. En estos casos, se deberá hospitalizar porque el niño no podrá alimentarse del pecho de su madre ni por mamadera y necesitará de una incubadora que lo ayude a regular su temperatura y función respiratoria.

Mientras menos edad gestacional tenga, inferior será su peso -seguramente no más de 2,5 kilos- y le costará más controlar y mantener una temperatura estable, así como succionar y tragar, pues estos reflejos aparecen generalmente entre las 34 y 36 semanas. Además, presentará problemas para respirar solo, pues sus pulmones no habrán evolucionado del todo, y requerirá oxígeno e, incluso, ventilación mecánica hasta que sean capaces de funcionar sin apoyo. Cuando todo esté en orden y su peso bordee o supere los 1.800 gramos, tenga coordinación de la succión y termorregulación, aunque sea antes de cumplir las 40 semanas, podrá salir de la incubadora.

Otros de los inconvenientes que se presentan es que el vínculo temprano entre padres e hijo no es tan fuerte, por lo que es esencial que los adultos no se desanimen, lo acompañen, le hablen y le hagan cariño cada vez que se pueda, contribuyan en su asistencia y hagan todo lo posible para estar más presentes. Hoy existen métodos para estimularlo sensorial y motoramente, que contribuirán a que su sistema nervioso madure de forma correcta y a prevenir alteraciones. En algunas clínicas practican una técnica de apego llamada ‘skin to skin’ (piel con piel), que potencia el contacto con la mamá, lo cual le ayudará a subir de peso, a disminuir el periodo de hospitalización e, inclusive, a estimular la bajada de leche, pues ‘rompe el hielo’ que podría provocar el que esté en incubadora.

Con la colaboración de Bernarda Contreras, pediatra de Clínica Indisa.