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Niños transgénero: “Mamá, ¿por qué Dios me hizo así?”

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Por Alejandra Bluth Solari.

Hasta hace pocos años, padres avergonzados metían bajo la alfombra la condición de sus hijos. Hoy el tema de los niños que dicen ser de otro sexo continúa siendo difícil de tratar, pero de a poco se lo acepta como una variante más de la intrincada sexualidad humana.

Desde que su hijo (prefiere mantener el nombre en reserva) tenía 3 o 4 años, Armando Escoffier supo que algo en él era distinto. El niño se identificaba mucho con la ropa de la mamá, usaba su maquillaje, le gustaba mirarse al espejo. “No me pedía que le enseñara a manejar o que lo llevara al fútbol como lo hizo mi hijo mayor. Jugaba con barbies y todos sus dibujos eran figuras de niñas”, recuerda el padre.

Su primer impulso fue inculcarle un comportamiento más varonil. Lo hacía ponerse ropa con colores de hombre, y trataba que jugara con autitos y practicara deportes como karate y kung fu, pero lo único que lograba era generar tensión entre los dos. Su mujer estaba tan confundida como él. “Para mí todo esto fue muy fuerte”, admite. A medida que crecía, el niño trataba de desmarcarse cada vez más de su género. “A veces decía que se llamaba Loreto, era una tragedia cortarle el pelo y en Internet miraba videos de Lady Gaga. Todo en él era femenino”, añade Escoffier.

Cuando comenzó a rechazar y ocultar su cuerpo, el padre se preparó para que su hijo le revelara que era homosexual, pero a los 13 años el menor les dijo a él y a su mujer que se sentía atrapado en un cuerpo equivocado y les mostró páginas web que mostraban la realidad de los niños transgénero. Armando Escoffier sintió que le había explotado una bomba en las manos y la pregunta que lo asaltó fue: “¿Y qué es esto?”.

Homo y heterosexuales

En Chile, la condición de ser transgénero recién se asume tímidamente como una variante más de la sexualidad humana, según explica Gracia Toro, sicóloga infanto-juvenil y familiar, experta en manejo parental. “Se trata de una disfunción donde la persona se siente hombre o mujer, pero su cuerpo físico es de otro sexo biológico”, asegura.

Cada vez son más frecuentes las consultas a temprana edad a médicos y sicólogos. “Los niños transgénero no tienen ninguna anomalía biológica ni siquiátrica”, enfatiza el endocrinólogo Enzo Devoto, uno de los pocos expertos y pionero en tratar a pacientes transgénero en nuestro país. “Existe evidencia de que las zonas del sistema nervioso y de la estructura cerebral que tienen que ver con la identidad sexual son distintas entre personas transgénero y las que no lo son, pero el número de casos no es suficiente para afirmarlo categóricamente”, afirma. Asimismo, precisa que una cosa es la identidad de género, masculino o femenino, con la que un individuo se siente identificado, y otra es su orientación sexual. “Se puede ser homosexual sin querer cambiar de género”, dice. “Los transgénero, en cambio, no aceptan su sexo civil porque sienten que pertenecen a otro género sexual, y pueden ser tanto homo como heterosexuales”, explica.

Ni reprimir ni castigar

Los primeros síntomas que manifiestan los niños transgénero, como preferir juegos y amigos del sexo opuesto, no pasan inadvertidos, pero hay que diferenciar cuando se trata de una conducta ocasional o de un comportamiento persistente. “Estas preferencias no necesariamente se asocian a transexualidad, y pueden modificarse a lo largo del crecimiento, o adecuarse al género biológico de la persona”, sostiene la sicóloga

Por lo mismo, Enzo Devoto cree que los padres tienen que dejar fluir los síntomas para ver hacia dónde van estos, sin reprimir ni castigar. “Estudios realizados en países muy avanzados en este tema, como Holanda, demuestran que entre el 50 y 70% de los menores que presentan estas conductas las cambian al llegar a la pubertad”, comenta. Síntomas casi inequívocos son que el hijo o hija se queje en algún momento de que por qué Dios lo hizo con cuerpo equivocado, o que diga que le gustaría ser de otro sexo.

Hasta los años 70, las terapias sicológicas se centraban en un condicionamiento negativo a las preferencias infantiles, asociando, por ejemplo, ruidos y olores desagradables a las actividades que se consideraban disfuncionales para el niño. También se intentó reforzar con premios y actitudes propias de su género biológico. “Lo único que se consiguió es una inhibición de la conducta, pero nunca se llegó a modificar el sentimiento interno del menor transexual”, reconoce Gracia Toro. “Por el contrario, se aumentó la culpa, el malestar y el conflicto de los niños, con el consiguiente incremento de depresión y suicidios en la adolescencia o edad adulta”, puntualiza. Hoy las terapias se enfocan en evaluar a los padres e hijos para descartar problemas familiares que alteren la sana identificación del niño con el progenitor del mismo sexo, así como un trastorno emocional que lo lleve a una confusión sexual.

“¿Qué hice mal?”

La peor parte de este tema es etenderlo y asumirlo a nivel social y familiar. El mayor temor que enfrentan los niños transgénero es al rechazo de los padres, a que los aíslen socialmente y dejen de tener amigos. “Si la respuesta de los papás es aceptadora e incondicional, el menor vivirá su condición en forma natural”, asegura Gracia Toro. Por parte de los padres, la mayor aprehensión es haber hecho algo mal al criar al hijo y tener la culpa de lo que le sucede. “Hay que ayudarlos a comprender que los transexuales nacen y no se hacen, y trabajar con ellos para que acepten la condición del niño”, explica la especialista.

Armando Escoffier reconoce que cuando su hija le reveló su condición, sintió alivio porque por fin tenía un norte hacia donde encaminarse con ella. Buscó apoyo en la OTD (Organizando Trans Diversidades), entidad que agrupa a personas transgénero y de condición intersexual para apoyarlas y facilitar su inserción social. “Allí comenzó nuestro viaje”, confiesa. También hay que fijarse en cómo marchan las cosas en el colegio. Aunque algunos establecimientos aceptan a los niños transgénero, la mayoría no sabe cómo abordar los conflictos que esto puede generar en la comunidad escolar una vez que el niño ha dado a conocer su nueva identidad de género, y les dificultan el seguir estudiando aduciendo dificultades  administrativas como la inscripción en el libro de clases con el nuevo nombre, o el uso de los baños y el uniforme escolar. La ley es clara; según el artículo 11 de la Ley General de Educación en Chile, el Estado y los establecimientos educacionales no pueden discriminar arbitrariamente a los estudiantes y miembros de la comunidad educativa. Si lo hacen, procede la presentación de una denuncia ante la Superintendencia de Educación.

Proceso reversible

El Dr. Devoto asegura que el periodo más crítico en el que los padres deben poner toda su atención es entre los 10 y 12 años, cuando los síntomas pueden remitir o afianzarse definitivamente al comenzar los cambios físicos de la pubertad. “Los niños transgénero se sienten muy desgraciados al desarrollar un físico que aborrecen, rechazan su cuerpo y manifiestan que quieren otro acorde a la vida que desean vivir. Eso significa que la transexualidad está consolidada y hay que ayudarlos desde el punto de vista médico”, sostiene.

Con inhibidores se frena la producción hormonal y se los mantiene como niños por más tiempo para evitar que a los varones les cambie la voz o les salga mucho vello, y que a las niñas les crezcan las mamas o tengan la primera menstruación. A los 16 años, si las conductas transgénero se mantienen y los menores quieren seguir adelante con su cambio de género, comienzan a ser tratados con las hormonas del sexo que desea adoptar para que se feminice o virilice. Recién a los 18 años se recomienda una cirugía para sincronizar el sexo físico con el sicológico. En el caso de los hombres, es frecuente la extirpación del pene y los testículos; mientras que a las mujeres se les aconseja una histerectomía para evitar que queden embarazadas. “Si antes de los 16 años el niño manifiesta conformidad con su identidad de género, se está a tiempo de quitar el freno y permitir que el proceso hormonal femenino o masculino se active con total normalidad”, declara Enzo Devoto.

La hija de Armando Escoffier hoy tiene 15 años y una vida nueva.  Está tomando inhibidores, acaba de empezar un tratamiento hormonal y este año entró como mujer a un colegio de orientación artística, bastante liberal. Mucho le facilitó las cosas tener un nombre civil que pueden usar tanto hombres como mujeres. Su padre reconoce que ella vivió un tránsito paulatino hacia la autoaceptación. No fue de un día para otro que empezó a ir a baños de mujeres, todavía no usa falda y tiende a taparse el cuerpo. “Ha dado un salto gigante al ir al colegio como mujer y nosotros le damos la libertad de irse adecuando al cambio a su ritmo. Hoy está mucho más relajada y contenta, pero en este camino debe avanzarse a pasitos cortos”, dice.

Como secretario de OTD, está decidido a terminar con mitos como que los  transgénero son homosexuales y travestis con plumas, y a barrer con toda la ignorancia en torno al tema. “Muchos trans no quieren operarse y prefieren quedarse en un estado de ambigüedad y otros no. En el fondo tiene que ver con la libertad de escoger quién quiero ser y hasta dónde deseo llegar”, dice.

Ley en camino

A diferencia de países como Suecia, Alemania, España y Holanda, que tienen institucionalizado el cambio de identidad de género, en Chile quienes desean pedirlo deben acudir a tribunales. El proceso puede ser engorroso o expedito según el criterio y mentalidad del juez, que puede exigir informes médicos que acrediten 2 años de tratamiento hormonal, así como informes siquiátricos y eventualmente quirúrgicos.

La OTD y otros organismos que representan diversidades sexuales están promoviendo una ley similar, que permita un cambio de género mediante un trámite administrativo sin pasar por un juez y sin exigencias de exámenes biológicos o siquiátricos, factible de realizar por voluntad propia de la persona a cualquier edad. “Ningún juez tiene que darte permiso para ser quién tú eres ni intervenir en el derecho de autodeterminación del propio cuerpo”, afirma Armando Escoffier.

Enzo Devoto, como coordinador de la comisión de la Sociedad de Endocrinología de Chile que ha aportado sus recomendaciones en la confección de la ley, propone regular el tema y exigir documentos médicos y estudios previos que avalen la condición de transgénero auténtico antes de solicitar el cambio de identidad. “Se requiere de una ley humana, flexible y responsable, y que el Estado garantice que tanto la atención de salud pública como privada acompañe al niño y a su familia durante este proceso con profesionales idóneos”, concluye.