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Niños TOC Cuando las manías los complican

2-3 años

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Exigentes, críticos, mañosos, difíciles… De todo se les dice a estos pequeños antes de conocer verdaderamente lo que les ocurre: padecen de un trastorno.

Cada vez que queremos ejemplificar qué es un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) resulta fácil recurrir al personaje de Jack Nicholson, Melvin Udall, en “Mejor imposible”. En esta cinta el protagonista no puede pisar ninguna línea recta al caminar, por lo que sufre lo indecible al ver baldosas, repite acciones como comer siempre en el mismo lugar, o da gran importancia a la simetría y el orden de las cosas, así como a los hábitos de higiene. Una vida nada fácil, ya que estas son solo algunas de las cosas que caracterizan a este tipo de trastornos.

Según explica Rosa Ana Verdi, sicóloga infantil de Clínica Indisa, un  TOC “es un trastorno de ansiedad en el que el niño o adolescente presenta algunas obsesiones y/o compulsiones repetidas, suficientemente graves como para generar un intenso malestar, pérdida de tiempo o un menoscabo significativo en la rutina habitual del menor, ya sea a nivel académico y/o en sus relaciones sociales”.

Señala que a nivel mundial se da en un 1 a 2% de los niños, “pero no se tiende a consultar por síntomas relativos a este mal, a menos que tenga un inicio agudo y muy intenso. Antes se pensaba que era poco común en la población, sin embargo, estudios muestran que es el cuarto más común a nivel de trastornos mentales”.

Aunque se presenta por igual en hombres y mujeres, la edad de inicio es más temprana entre la población masculina. En este sentido, la profesional agrega que “el TOC puede desarrollarse a temprana edad. Tiene un inicio gradual, no obstante, también hay casos de inicio agudo. Alrededor de los 7 a 10 años tienden a aparecer estos trastornos, pero en la adolescencia los síntomas son más claros de identificar”. En general los más frecuentes son ansiedad, obsesiones (ideas, imágenes mentales), compulsiones (comportamientos, conductas) y dificultades de rendimiento (pierden mucho tiempo al repetir rutinas una y otra vez).

Distintas intensidades

Quienes padecen de TOC no lo viven con la misma intensidad, lo mismo pasa en la manera en que se da. Así, la sicóloga sostiene que “hay algunos niños que van teniendo ideas y comportamientos que se van haciendo cada vez más notorios, en forma gradual, como hay otros en que los síntomas aparecen de manera abrupta e intensa. En la medida en que el pequeño crece, este trastorno “interfiere en su desarrollo habitual y en su actividad diaria. Genera incomodidad, marcada ansiedad, vergüenza e irritabilidad, entre otras, por ende, no permite que el crecimiento siga su curso normal”, detalla Rosa Ana Verdi.

La vida se ve afectada. A nivel familiar el entorno tiende, según la especialista, “a sentirse angustiado, frustrado, abrumado y desconcertado frente a los síntomas que presentan. Muchas veces se intenta frenar las obsesiones y compulsiones pero estos no revierten, desesperándose en ese intento por ayudar a sus hijos y muchas veces culpándose de lo que les sucede”. Ejemplifica que en algunos casos incluso los menores hacen partícipe a su entorno de sus acciones al invitar en diferentes momentos a lavarse las manos.

Cuando el niño asiste al jardín o al colegio es conveniente informar al establecimiento en el caso de existir una evaluación o tratamiento, “intentando entregar algunas pautas de manejo, pero tratando de no dar exceso de información, puesto que eso podría ser conducente a una posible estigmatización del menor”. En su etapa escolar “pueden presentar un comportamiento rígido, repetitivo que no les permite ejecutar las tareas que se les dan, demorando mucho su ejecución, generando tensión y ansiedad en el menor. Por ejemplo, rituales de borrar, rehacer, modificar o revisar insistentemente, lo que afecta su capacidad de concentración y atención, como el cumplimiento de tareas”, nos explica Rosa Ana. Otro elemento que puede surgir es que tienda a aislarse y a sentirse avergonzado por sus compulsiones.

¿Qué hacer?

Aunque no existe una cura definitiva, los TOC sí se pueden tratar. ¿Cómo? Con terapia y medicamentos y tal como sostiene la sicóloga: “En ocasiones puede que los síntomas desaparezcan, lo que no quiere decir que no vuelvan a aparecer, por el contrario, pueden darse otros episodios. De hecho, para quienes padecen de este trastorno es esperable que tengan altibajos, sobre todo frente a situaciones de estrés y cambio”.

Genética y ambiente

Aunque se desconocen las causas específicas que originan este trastorno, la sicóloga Rosa Ana Verdi señala que en algunas investigaciones “se describe una predisposición genética, en términos de fallas en la serotonina y en estructuras cerebrales relacionadas con el procesamiento emocional y regulación de impulsos. Así también está asociado a una fuerte influencia del aprendizaje, donde el hecho de haber sido educado en un ambiente rígido pueden favorecer comportamientos relativos a orden y limpieza excesivos y valores morales estrictos, entre otros”.

Las obsesiones

Estas son algunas que aparecen en estos niños:

– Temor a que les pase algo a sus padres.

– Temor a causar daño a otros.

– Ideas agresivas o de contenido sexual.

– Pensamientos prohibidos.

– Dudas repetidas.

– Escrupulosidad o religiosidad excesiva.

– Necesidad de simetría.

– Necesidad de decir o confesar algo.

– Temor a contaminarse.

En relación a las compulsiones, entre las más frecuentes se encuentran:

– Lavarse las manos.

– Repetir una acción muchas veces hasta hacerla bien.

– Asegurarse de las cosas (cierre de ventanas, puestas, llaves, etc.).

– Rezar.

– Ordenar.

– Tocar.

– Contar objetos.

– Acumular, no poder desprenderse de cosas.