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Los terribles dos años

2-3 años

piscología infantil

Si tu hijo acaba de soplar dos velitas en su torta, prepárate, ya que es muy probable que estés por conocer este síndrome que -en resumidas cuentas- es la primera manifestación de que tu guagua dejó de serlo y ahora quiere su independencia.

Meses de dulzura, de buen comportamiento social y de obedecimientos, hasta que de pronto, tu guagua comienza a forjar su identidad, transformándose en un niño que pelea, que compite y que es el terror de la plaza. Bienvenido a ‘los terribles dos’.

Transcurridos los 24 primeros meses de vida, los niños inician su proceso de individualidad, en el que exploran, tienen mayor contacto con su entorno y realizan numerosas actividades sin la ayuda de sus padres, conociendo poco a poco lo que es su independencia.

De manera simultánea, comprenden lo que ocurre a su alrededor, pero no logran verbalizar sus sentimientos, peticiones, deseos o frustraciones, lo que los transforma en potenciales peleadores, pues el contacto físico, principalmente con sus pares, es su principal herramienta de sociabilización.

La sicóloga Gabriela Varas, especialista en desarrollo psíquico del infante, indica que durante esta etapa los niños empiezan a conocer el mundo. “El pequeño busca autoafirmación, su autoestima comienza a construirse a partir de lo que es capaz de hacer, más tarde podrá verbalizarlo con frases como ¡puedo saltar en un pie! o, ¡mira mamá, ya alcanzo los juguetes!, pero por ahora está en un fase preliminar. Es una etapa de pruebas; prueban su entorno y ponen a prueba a sus padres”, afirma.

Los cambios que experimentan los niños de dos años no sólo tiene relación con la independencia que comienzan a vivir, también hay cambios en sus gustos. Les interesan nuevos juegos, suelen ser más posesivos con sus pertenencias, pueden ser más agresivos con sus amiguitos, no respetar turnos, quieren tener el control de su entorno y –una de las características más reconocidas por los padres- comienza la etapa de negación. “No” es una de las palabras que será predominante dentro de su vocabulario.

Esta fase de su desarrollo, muchos papás ven sobrepasada su paciencia, porque los niños constantemente los desafían y ponen a prueba su autoridad. De hecho, es muy común verlos recurrir al llanto para conseguir sus objetivos,  lo que puede transformarse a la larga en las temidas pataletas.

¿Qué podemos hacer?

Si estás viviendo esta fase de tu hijo, lo primero que debes considerar es que es una etapa normal del desarrollo de cada ser humano, por lo debe manejarse de una manera lo más natural posible, siempre entregándole mucho cariño y comprensión, pues si para ti no es fácil, imagina para él que le cuesta comunicarse.

Para salir airoso de “los terribles dos” es fundamental:

1.- Que los padres estén alineados en el modelo de educación, para que cuando uno diga “si”, el otro respete a poye esa decisión. De lo contrario, el niño se confunde.

2.- Tener claros los límites y dárselos a conocer con ideas de fácil comprensión, como “no debes pegarle a tu hermanito porque le duele” o “si compartes tus juguetes, los demás niños te prestarán los suyos”.

3.- Ayudar al menor a superar sus frustraciones, alentándolo cuando no le resulte alguna actividad, como cuando no pueden subir al resbalín o lanzar una pelota de manera recta.

4.- Reprenderlo o corregir su mal comportamiento de manera inmediata. Así podrá identificar y corregir su falta.

5.- Jamás castigarlo con golpes o gritarle para llamar su atención.

6.- Premiarlo por sus buenas acciones. Un calendario en el que se pueda pegar caritas felices o tristes, lo hará partícipe de sus avances y le permitirá modificar las actitudes negativas.

“El mejor consejo es comprender esta fase y tomar las exigencias con disciplina. Los padres serán siempre el modelo a seguir de sus hijos, por lo que se debe procurar enseñar hábitos, rutinas y establecer normas y límites, para que esta pueda a la larga enfrentar al mundo real”, concluye la psicóloga Gabriela Varas.