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El amigo de mi hijo es una mala influencia

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¿Qué hacer si siento que mi hijo tiene un amigo que es mala influencia? ¿Qué decir cuando conoces a los padres de ese niño? ¿Cómo actuar si es el mío quien domina negativamente a otros? En este artículo encontrarás consejos para enfrentar esta situación.

Los niños comienzan su desarrollo social a temprana edad, pero es a partir de los 4 años cuando profundizan en las capacidades de relacionarse con otros, sintiendo mucha curiosidad por su entorno y por el funcionamiento de todo aquello que los rodea. Es aquí cuando son capaces de elegir a sus amigos, trabajar en grupo y generar relaciones de confianza.

De acuerdo a información de Chile Crece Contigo, perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social, a partir de los 4 años, los niños y niñas comienzan a tomar conciencia de los sentimientos de otras personas y de cómo sus acciones pueden afectan a los demás. Es en esta etapa cuando son capaces de empatizar con los sentimientos de otros, pudiendo así realizar acciones para defender, ayudar y colaborar con los demás.

Es por esto que la entrada al colegio -que coincide en esta etapa- se puede transformar en una situación difícil de manejar para los padres, ya que los pequeños conocerán nuevos compañeros, harán muchos amigos y estarán expuestos a todo tipo de influencias: buenas y malas.

Y es aquí donde una vez más, el rol de los papás es fundamental. Ningún adulto quiere ver que su hijo está siendo tentado a realizar acciones contrarias a las normas o valores familiares. Por lo anterior, la disciplina que se use en la crianza y el ejemplo que se entreguen será determinante para frenar a aquellos amigos enemigos.

Para responder las dudas más frecuentes con respecto a este tema, recurrimos a la psicóloga de la Universidad Diego Portales con experiencia en lactantes y niños, Javiera Parada, para orientar a aquellos padres que estén enfrentando esta situación.

¿Cómo saber cuando un hijo está adquiriendo como hábito las malas influencias de otro?

Las pistas que pueden alertar a los padres con respecto a las malas influencias de las que está siendo víctima un hijo es que al observarlo noten que actúa de manera poco coherente con su personalidad, haciendo cosas que no hacía antes, y al preguntarle, toma una actitud defensiva. Los niños saben cuando sus acciones se “salen de la norma” por lo que suelen volverse poco comunicativos y los papás tienden a percibir que están escondiendo algo.

¿Cuándo hay que preocuparse?

En el minuto en que se confirma un cambio notorio de actitud, por ejemplo, si se le pregunta a dónde va, qué está haciendo, qué hace cuando está con sus amigos, etc, y él responde de mala forma o sin respeto. También suele ser una alerta importante el hecho de que baje sus notas, evada sus responsabilidades o no cumpla con lo que se le pide.

¿Cómo alejar a esos niños sin generar consecuencias negativas o traumas?

Entregándoles valores, estableciendo límites y -en general- hablando y explicando abiertamente lo que es bueno y malo. En definitiva, cimentar el camino empoderar a los niños, para que cuando crezcan asuman que son dueños de su vida y de la toma de decisiones.

Para que lo anterior sea posible, es necesario procurar que sean seguros, lo se logra entregándoles apoyo y mucha confianza. Los padres debemos ser los consejeros para que ellos hagan sus propias elecciones, basadas en los valores establecidos a nivel familiar.

¿Cómo enfrentar a los padres del niño que está mal influenciando a mi hijo?

En el caso de que los padres del otro niño pregunten sobre la situación, habría que explicarles, siendo cordiales y sinceros con respecto a los efectos que tiene en mi propio hijo, usando la empatía. Pero esta conversación no es lo más recomendable, ya que no hay una “forma correcta” de hacerlo y siempre que a un padre le hablan mal de un hijo la respuesta es negativa.

Lo mejor sería recurrir a las autoridades del colegio o jardín y solicitar que ellos sean los intermediarios, ya que sabrán cómo manejar la situación y a la vez cuidar la relación entre los adultos.

¿Es bueno decirle al hijo: “no te juntes más con ese niño”?

No es lo ideal. Entre los 4 y 6 años están recién aprendiendo a relacionarse con otros, se descubren como seres influyentes o influenciables, sin embargo, si hacen algo “malo” es porque no saben y no porque realmente exista algún grado de maldad detrás de la acción. Para los más grandes, la educación y la labor de los padres debieran ser más democráticas, poniendo límites, pero tomando el rol de consejero para que el niño logre darse cuenta que lo que le dice su amigo es malo y no lo debe hacer, tomando conciencia. Si se le impone al niño la prohibición de juntarse con otro, lo más probable es que le den más ganas de estar con él. Los límites se entregan en las conversaciones a diario, con ejemplos y actitudes que muestren sus padres en determinadas situaciones, para que ellos logren verlos como ejemplo y así actúen de manera similar.

¿Qué hacer en caso de que no se esté logrando el alejamiento?

Si los padres se ven sobrepasados o incapaces de controlar la situación, debiesen recurrir a un especialista o a un tercero para que hable con el hijo y le haga entender las razones. La idea es que sea alguien a quien mi hijo le tenga confianza y que sea un ejemplo para él.

¿Cómo puedo manejar esas influencias negativas? ¿Qué debería hacer con mi hijo?

No es tanto el alejamiento lo que importa porque probablemente le toque lidiar con situaciones de riesgo a lo largo de toda la vida, lo importante es lograr empoderarlo para que él no haga lo que no se debe y lo que es considerado indebido y/o peligroso.

¿Qué hacer si presiento que mi hijo está siendo mala influencia para otros?

Investigar las situaciones, preguntar en el colegio, a los padres de los otros niños, etc. Además de conversar con el pequeño, entendiéndolo lo más posible y dándole apoyo. Finalmente, acudir a un especialista, ya que por la edad, es un buen momento para tratar posibles problemas.