Feria Mamá y Bebé

Niños y música: Bondades de un idioma universal

Archivado en Sin categoría Publicado el 11/07/2018 | Comentarios

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¿Alguna vez le has cantado a tu pequeño una canción de cuna para calmarlo? O bien, con tus hijos en edad preescolar ¿entonan a coro las melodías de su película preferida? Si respondiste afirmativamente a estas preguntas, entonces han experimentado juntos, en primera persona, el poder de la música. Esta puede evocar emociones y recuerdos, brindando una sensación de seguridad y consuelo a los menores cuando lo necesitan. Además, es una forma muy entretenida de aprender. No por nada es el único medio que obvia las diferencias culturales, de edad o condiciones como el autismo. Conversamos con una experta en el tema, quien nos reveló cómo sacar el máximo provecho a esta herramienta para nuestros niños.

Por: Catalina Ábalos L.

Los latidos del corazón, la respiración y la voz de la madre ya en el período de gestación, desde un principio, el bebé está inmerso en una sonósfera, desarrollando su sentido musical. Para la semana número 20 de embarazo, el oído interno está completamente formado, permitiéndole reconocer sonidos externos como, por ejemplo, cuando su padre le habla.

Esta capacidad ha quedado demostrada en diversos estudios, donde a nivel intrauterino los pequeños reaccionan muy distinto cuando oyen rock o música clásica. También, se ha comprobado su capacidad de memorizar sonidos. Así, una vez que nacen, algunas guaguas responden ante la banda sonora de la serie de TV que su mamá veía, o la canción favorita que escuchaba con frecuencia. De esta manera, inclusive antes de su llegada al mundo, están listos para escuchar y aprender.

Es que si nos fijamos, la música está presente en numerosos momentos de la vida de los más chicos. Ellos cantan, bailan, palmotean o citan frases de canciones mientras juegan, comen, se bañan o acuestan a dormir. Por lo mismo, constituye una herramienta muy potente para influir positivamente en su desarrollo integral.

Yenia Saa, psicóloga infanto juvenil y musicoterapeuta, señala que: “La música es el idioma universal del ser humano. Uno de los mecanismos que facilita la formación de vínculos afectivos de comunicación entre personas es la intersubjetividad, es decir, la capacidad de poner en común a través de gestos, sonidos, movimientos. Por otra parte, las cualidades musicales -como el ritmo, la prosodia, las intenciones y significación-, se logran a través de la música como medio de comunicación con otros. Es así como, por medio de juegos musicales, imitación del lenguaje o una canción, conseguimos que los niños expresen emociones y afectos a quienes los rodean”.

Coincide con ella Laurel Trainor, profesora de Psicología, Neurociencia y Comportamiento de la Universidad de McMaster en Ontario (Canadá). La experta también preside el Instituto McMaster para la Música y la Mente, donde ha realizado numerosas investigaciones acerca de cómo esta afecta el cerebro de los menores. En entrevista con BabyCenter.com, sostuvo queexisten pruebas de que las clases musicales producen un aumento moderado en el coeficiente intelectual; que la disciplina necesaria para aprender un instrumento puede acrecentar la memoria y la capacidad de autorregular la conducta, además de disminuir la baja normal en la audición que ocurre a medida que envejecemos.

No obstante, la académica recalca la parte social: “A mi juicio, uno de los aspectos más interesantes de la música es cómo une a la gente, haciéndola sentir bien. Nuevas investigaciones revelan que cuando los individuos se mueven en sincronía -como al bailar o hacer música-  se sienten más cercanos entre sí y su capacidad de cooperación se eleva. Nuestros estudios demuestran que incluso guaguas de 14 meses son más propensas a ayudar a un adulto (por ejemplo “recogiendo” un objeto que este accidentalmente botó) si previamente han rebotado rítmicamente con él, en comparación con las que no. Por eso, las actividades musicales grupales juegan un papel esencial en las aulas de preescolar. Los beneficios sociales de hacer música con otras personas probablemente se extienden hasta la edad adulta e incluso la vejez”, afirma.

La psicóloga Yenia Saa profundiza aún más en este aspecto, puntualizando que la música incluso permite a los chicos expresarse sin hablar. “Facilita el desarrollo de la personalidad expresiva, entendiéndose por todo lo que el niño quiere manifestar a través de ella, mediante el canto, el baile, tocando instrumentos… Así exterioriza sus emociones de alegría, enojo, frustración, sin necesidad de verbalizar, que tanto cuesta a esa edad. Los hace conscientes de lo que sienten, teniendo esto en común con el otro que lo acompaña en su viaje musical”, comenta.

Justamente por esta comunicación a través de la música, la especialista la considera un buen método para bajar la intensidad de las pataletas, sobre todo en menores entre 3 y 4 años.

El rol de los padres

Contrariamente a lo que muchos creen, la música clásica no es la única que favorece a los pequeños. En su labor como musicoterapeuta, Yenia Saa hace un llamado a los papás a descubrir y estimular las habilidades musicales de sus hijos, facilitándoles diversos tipos de instrumentos para que elijan el que más les acomoda. “A esta edad suelen preferir aquellos de percusión o simplemente percuten todos, como reflejo de la parte más primitiva de su ser. Cada niño tiene su personalidad y gustos, por lo tanto, tendrá su musicalidad propia”, advierte.

Para aquellos entre los 3 y 5 años, Yenia sugiere música infantil como la del disco ‘Comunicantando’, que además ayuda a las madres a enseñarles actividades cotidianas como saludar o ir al baño. También a esa edad se identifican con animales, los que reconocen primero por el sonido como, por ejemplo, el “guau guau” del perro. Así, hacen juegos de imitación, creyéndose este tipo de mascotas y ladrando. Todo esto estimula el desarrollo cognitivo y su pensamiento simbólico.

A la hora de dormir, los adultos pueden ponerles música suave, como algunas melodías de Mozart.

Independiente de lo que elijamos, “es recomendable hacer música conjunta entre padres e hijos, además de favorecer el aprendizaje de un instrumento musical con algún profesor. Mientras más temprano empiecen mejor, para así estimular su desarrollo cognitivo y psicomotor”, asevera.

En esta misma línea, la directora del Instituto McMaster para la Música y la Mente, Laurel Trainor, sostiene que a la hora de enrolar a los niños en clases de música, la motivación juega un rol clave. Al preguntarle qué podemos hacer como adultos para ayudarlos, es enfática diciendo: “Creo que lo principal es que los menores se sientan motivados como, por ejemplo, que haya alguna canción que quieran aprender a tocar, o bien ir a las lecciones junto a sus amigos. Cuando existe entusiasmo, el aprendizaje es más fácil y es más probable que sean constantes.  En especial cuando son más pequeños, es mejor cuando la alegría de hacer música es transmitida de padre a hijo o de profesor a alumno, con el niño participando activamente”.

Lenguaje, atención y musicoterapia

La psicóloga Yenia Saa explica que la música llega a todas las áreas del cerebro, estimulando las conexiones neuronales, el tejido cerebral y el desarrollo cognitivo y psicomotor de los infantes. Hasta el año, ellos se comunican principalmente a través de precedentes lingüísticos. Comienzan a hablar debido a la prosodia, que es la entonación, acentuación y pronunciación de palabras. “Cuando tú conversas con menores en forma cantada, captas más su atención, haciendo que te imiten al pronunciar palabras sueltas y favoreciendo el habla posterior. Al estimular el lenguaje, la música también fomenta la atención, organizando la conducta infantil. Sobre todo, acercándonos a los 5 años, cuando ya empiezan a autorregularse y se inicia el período de aprendizaje escolar. Enseña a tus hijos las vocales cantando, y verás cómo aprenden rápido y de manera entretenida”, sugiere.

Según observa Laurel Trainor, aprender a tocar música tiene un efecto sobre cómo el cerebro se conecta cuando se trata de memoria y atención. Indudablemente, ejercitar un instrumento puede ser complicado para un pequeño. Por ejemplo, si está aprendiendo el violín, debe averiguar cómo sostenerlo al mismo tiempo que el arco, prestar atención al profesor e intentar reproducir los sonidos. Su cerebro está recibiendo un entrenamiento intenso, preparándolo para desafíos futuros.

Yenia Saa revela que, desde su experiencia personal y profesional como psicóloga infanto juvenil, decidió especializarse en Musicoterapia. “Me di cuenta que la psicología como tal no logra abarcar todos los ámbitos. Con la Musicoterapia puedes llegar a todos los niños, incluidos aquellos con necesidades especiales como parálisis cerebral, autismo, trastornos de lenguaje e hiperactividad, entre otros”, detalla.

Pero ¿qué es la Musicoterapia? La Federación Mundial de Musicoterapia define su disciplina como: “El uso de la música y/o sus elementos (sonido, ritmo, melodía y armonía) en un proceso creado para facilitar y promover la comunicación, las relaciones, el aprendizaje, el movimiento, la expresión, la organización y otros objetivos terapéuticos, para satisfacer las necesidades emocionales, mentales, sociales y cognitivas. Este trabajo debe ser realizado por un musicoterapeuta calificado con un paciente o grupo”.

Saa cuenta que existen varias técnicas de Musicoterapia Infantil, entre ellas:

*Improvisación Musical Libre  Es la técnica madre en musicoterapia en general. Aquí los niños disponen de un set de instrumentos musicales para ejecutar música libremente, donde el terapeuta solo acompaña.

*Juego Musical  Se agregan a los instrumentos ciertos juguetes, dando espacio para la creatividad infantil. La idea es no guiar, sino que seguir su juego, donde algunos pueden ser temáticos.

*Canto conjunto  Buscan canciones infantiles para tocar con instrumentos y cantarlas con los pequeños.

*Musicoterapia corporal  Son ejercicios de expresión corporal con música. Se pueden utilizar técnicas de movimiento teatrales, percusiones, bailes, rondas, etc.

La especialista señala que, dentro de los múltiples beneficios de la Musicoterapia, está el que mejora el aprendizaje y las dificultades en este campo, reduce los problemas de conducta, contribuye al tratamiento de dolores crónicos y otras enfermedades, aumenta la socialización, organiza el comportamiento, y estimula la coordinación motora.

“Todo en medio de un espacio de contención creado gracias a la música, donde los más pequeños se sienten cómodos y con una autoestima fortalecida”, concluye.

TIPS PARA FOMENTAR EL GUSTO POR LA MÚSICA:

 Ponle música desde su gestación.

♫ Intenta la estimulación temprana con música de menos a más.

♫ Cántales canciones (¡todos podemos cantar!).

♫ Baila con ellos.

♫ Colócales música para relajarlos o cuando tengan pataletas para calmarlos.

♫ Realicen juegos musicales en conjunto.

♫ Facilítales instrumentos musicales.

♫ Inscríbelos a clases de música de acuerdo a sus gustos.

♫ Llévalos a conciertos.

♫ Cuando canten, bailen o toquen instrumentos, felicítalos y nunca te burles.

Fuente: Yenia Saa, Psicóloga Infanto Juvenil, Musicoterapeuta y Cantante Lírica Soprano Spinto

(Facebook: Yenia Spinto Musicoterapia y Psicología).