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Aprendiendo a aprender

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Aprender inglés

Empezó un nuevo año escolar y, con ello, son muchos los niños que por primera vez se interiorizan en el verdadero sentido de la responsabilidad. Hacer las tareas y estudiar para las pruebas son hábitos que pasan a formar parte de la rutina. Pero, ¿cómo inculcarles el interés por el estudio?, ¿cómo ayudarles a aprender? ¡Toma nota de estos consejos!

Es verdad que el sistema educacional de hoy en día es más exigente que el de antes, pues además de tener que pasar largas jornadas en el colegio, los niños deben distribuir su tiempo entre actividades extra programáticas, hacer tareas y estudiar para las pruebas (sin olvidar que también requieren espacio para jugar y descansar). Por su parte, y a diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, los padres ya no suelen contar con tiempo suficiente para supervisar a diario el estudio de los hijos. Por eso resulta imprescindible enseñarles tempranamente a estudiar de forma autónoma. Es fundamental que los padres comprendan que, desde muy pequeños, a los niños se les deben entregar herramientas de estudio, incitarles interés por descubrir el mundo y motivarlos a pensar y reflexionar sobre el entorno que los rodea. Se les debe infundir el sentido de la responsabilidad como una virtud.

Para generar en más pequeños una predisposición positiva hacia el estudio, es necesario crearles una atmósfera acogedora:

– Es esencial que dispongan de un espacio destinado a hacer las tareas, de manera que lo relacionen con el estudio.

– Este lugar debe ser silencioso y poseer buena iluminación y ventilación.

– El ambiente destinado al estudio debe estar libre de distracciones como la televisión o los videojuegos.

– El escritorio debe tener una altura apropiada y la silla debe ser cómoda, de preferencia ergonómica.

¿Cómo debe ser el aprendizaje?

Antiguamente era común oír acerca de los hábitos o técnicas de estudio, sin embargo, de acuerdo con lo señalado por María Belén Barja, Sicóloga Educacional de la Universidad Católica, esas nociones han evolucionado a lo que hoy se conoce como estrategias de aprendizaje. Estas estrategias, apuntan hacia un aprendizaje más significativo. “La clave del aprendizaje significativo radica en enseñarles el funcionamiento y el sentido del contenido a aprender y cuándo debe ser utilizado. Es decir, las técnicas de estudio se emplean de forma mecánica, en cambio, las estrategias son conscientes o con una intención específica”, indica la profesional.

De acuerdo con María Belén Barja, para contribuir al buen aprendizaje de los niños, este debe ser activo, estratégico y coherente.

En primer lugar, el aprendizaje debe ser activo, ya que la experiencia es la que da paso al conocimiento. Tanto así que, si la información adquirida por el estudiante no es utilizada o manipulada por él mismo, solo será un aprendizaje inestable y poco duradero. Por eso, la especialista propone que el menor trabaje con la información y la haga suya. Un ejemplo típico son los hechos históricos. Para comprender mejor, por ejemplo, el descubrimiento de América, es ideal trazar una línea de tiempo en la que el niño agregue dibujos y palabras claves.

En segundo término, el aprendizaje debe ser estratégico. A diferencia del alumno que aprende por repetición, el estratégico se reconoce a sí mismo como aprendiz y planifica, regula y evalúa su propio proceso de aprendizaje, lo que le lleva tanto a aprender significativamente el contenido que estudia como a aprender a aprender. En los estudiantes primerizos, este aprendizaje estratégico implica:

– Observar las situaciones que ocurren en el entorno, por ejemplo, la fotosíntesis de una planta.

– Representar fenómenos, por ejemplo, dibujar las partes de una planta.

– Retener datos, por ejemplo, crear una canción con el abecedario.

– Ordenar hechos, por ejemplo, los días de la semana, los presidentes de Chile, etc.

– Interpretar los fenómenos, por ejemplo, explicarle a otra persona lo aprendido.

Finalmente, el aprendizaje debe ser coherente. Ello significa que la información aprendida debe enlazarse con aquella que el niño ya maneja, se trata de realizar preguntas que permitan establecer una conexión entre conocimiento nuevo y el ya incorporado. De esa manera el aprendizaje tendrá mayor sentido y será más significativo.

Una buena rutina

Pese a que la jornada escolar suele ser extensa, es bueno que al llegar a casa los niños sigan una rutina ordenada de comidas, juegos y estudios. En ese sentido, los especialistas sugieren:

1.- Al regresar del colegio, y luego del almuerzo o merienda, darles 35 minutos de descanso libre.

2.- Continuar con 40 minutos para hacer las tareas.

3.- Seguir con media hora de descanso.

4.- Realizar dos módulos de estudio de 25 minutos cada uno con una pausa intermedio de 15 minutos. Una buena opción para este tramo de la tarde, es repasar las materias más complicadas del día o en las que el menor se sienta más débil.

5.- Arreglar la mochila y materiales para el día siguiente.

6.- Destinar el resto de la tarde a jugar, comer y descansar.

7.- A eso de las 21:00 a 21:30 horas, el niño debe acostarse para tener un descanso reparador y, así, rendir óptimamente al día siguiente.