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Orden de nacimiento v/s personalidad, ¿existe alguna relación?

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Ser el mayor, el del medio o el menor puede condicionar -aunque no siempre- el papel que cada niño ocupa en una familia. Conoce un poco más sobre cómo puede influir el orden en el que nacen tus hijos con su forma de ser.

De seguro te habrás preguntado si se relaciona el orden de nacimiento de tus hijos con su personalidad, puesto que muchas veces puedes encontrar similitudes entre tu primogénito y el de tus amigas, más que con sus propios hermanos. A pesar de que no existe una ciencia exacta que así lo asegure, sí hay algunos estudiosos que sostienen que sí hay una concordancia.

Uno de ellos fue el siquiatra austríaco Alfred Adler (1870-1937) quien afirmó que el orden de nacimiento era una herramienta importante para predecir la conducta de una persona y para determinar su forma de sentir y de percibir al mundo. De esta manera, el hijo mayor está programado para la excelencia y los logros, el del medio es criado para que sea comprensivo y conciliador, y el más pequeño busca atención. Posteriormente, otros teóricos como Frank Sulloway y Delroy Paulhus también escribieron sobre este tema.

Sin embargo, hay quienes contradicen estas teorías, afirmando que no existe relación entre estos dos aspectos. A continuación, te dejamos lo que planteaban los sicólogos para que saques tus propias conclusiones.

TIPOS DE PERSONALIDAD DE ACUERDO A ADLER:

El hijo mayor: líder y responsable
Al ser el primero, los padres pusieron mucha atención sobre este, por lo que tiende a ser mucho más responsable, cuidadoso, equilibrado, seguro, estructurado y confiable que sus hermanos. Es, en cierta forma, una proyección de sus progenitores.

Por lo general, es de esas personas que consigue muchas cosas y busca la aprobación de los demás, pero por otro lado es muy perfeccionista. Con sus hermanos actúa como si fuese un mini-papá. Sin embargo, uno de los principales problemas que puede experimentar el hijo mayor es que a la llegada de un hermano se sienta destronado de ese lugar especial en el que toda la atención era para él y que ahora tendrá que ser compartida. Este sentimiento puede generar una cierta tendencia a desarrollar un carácter melancólico.

El primogénito es exigente, preciso, le encanta prestar atención a los pequeños detalles y tomar el mando. Está orientado hacia objetivos, quiere el control total y tiene la necesidad de ganar y salir victorioso en todo.

El hijo del medio: social y negociador
A menudo este hijo puede sentirse relegado por pensar que la atención de sus padres está dedicada al hijo mayor o al menor de la familia. De esta manera, es una persona que quiere agradar, un poco rebelde, pacificador, comprensivo, cooperativo, flexible, competitivo y que a veces le cuesta poner límites.

Puede sentir que no ha recibido la cantidad de atención necesaria de parte de sus padres y, debido a esto, trata de compensar este déficit con su grupo de amigos. Es por esto que los hijos del medio se caracterizan por tener un círculo social muy cercano, al cual sienten como si fuese una parte adicional de su familia. Así, tienden a relacionarse mejor con la gente, no tienen dificultades para actuar en equipo, son confiables, constantes y leales.

Uno de los rasgos de personalidad que define a los hijos del medio es el ser complacientes para evitar el conflicto y la confrontación, generando una gran capacidad de negociación.

El hijo menor: simpático y seductor
Este hijo tiende a ser el más independiente, creativo y libre de espíritu, puesto que sus padres son más relajados con él y le dan pocas responsabilidades. Sin embargo, es manipulador, egocéntrico y autónomo.

Debido a que los padres no están tan pendientes de lo que hacen los menores, ellos tratan de llamar la atención permanentemente, generando una personalidad llena de carisma y simpatía. Generalmente, son los peores alumnos, los payasos de la clase y el alma de las fiestas. Si bien son personas alegres y extrovertidas, tienden a aburrirse rápidamente y poseen un fuerte miedo al rechazo y poca capacidad de atención.

¿Qué pasa con el hijo único?
Sin hermanos que compitan con él, inevitablemente acaparará toda la atención de sus padres. Los hijos únicos se caracterizan por ser maduros para su edad, perfeccionistas al extremo, muy responsables, diligentes y líderes.

Al crecer rodeados de adultos, se sienten más cómodos con ellos que con otros niños; pero al mismo tiempo, son más verbales y maduros. Esto puede permitirles que desarrollen más su intelecto, ya que al haber pasado tanto tiempo solos, van produciendo ciertas habilidades como el ingenio y la creatividad.

En muchos aspectos, los hijos únicos son muy similares a los primogénitos, pero llevan sus cualidades al extremo. Son líderes innatos y tienden a ser perfeccionistas, conservadores y organizados. Suelen ser implacables, muy exigentes, odian admitir que están equivocados y, por lo general, no aceptan bien las críticas.

OTROS FACTORES INFLUYENTES:
– Herencia.  Es la parte más estable e inmodificable de una persona, y esto se refiere a los aspectos más genéticos de la personalidad.
– Valores y creencias. Estos son transmitidos por los padres de generación en generación y conforman las reglas y normas que formarán su comportamiento. Son esenciales en la formación de la personalidad del niño.
– Experiencias afectivas. Cada individuo, incluso dentro de la misma familia, vive los acontecimientos de manera distinta, esto depende de la interpretación que hace de los mismos. Por eso los hermanos, aun viviendo las mismas situaciones, las interpretan de diferente forma. A un niño le puede afectar más que a otro ciertas experiencias.
– Vínculo de apego. Se refiere a las interacciones que establecen los padres con los hijos en las primeras etapas de su desarrollo, cuando este aún es un ser dependiente y necesita de seguridad emocional para el posterior desarrollo de sus emociones. El vínculo afectivo que se genera en los primeros meses de vida del menor también influye en su personalidad.
– Socialización. Habilidades que se desarrollan en las primeras fases de nuestra existencia para relacionarnos con los demás en diferentes contextos.