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Mindfulness: Una técnica para aprender a vivir en el presente

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En los últimos años diversos estudios científicos han demostrado que este tipo de meditación ayuda a los menores a mejorar su concentración, los calma y apoya con sus problemas emocionales.

El mindfulness es una disciplina que surge de la unión de la meditación oriental con la occidental. Es decir, se adaptaron estas técnicas para suplir las necesidades del mundo actual, donde el tiempo para reflexionar es escaso. Por lo mismo, este método plantea ejercicios que se pueden llevar a cabo en solo 30 segundos, los cuales permiten que las personas desarrollen la habilidad de estar concentrados y conectados consigo mismas y con lo que las rodea. Esta atención plena sirva para regular las emociones, disminuir la impulsividad y, por ende, ser capaces de tomar mejores decisiones.

Un ejemplo de los ejercicios que plantea el mindfulness es conectarse con uno mismo mientras se está duchando. Es decir, identificar las impresiones que transcurren durante este proceso: qué olor tiene el jabón, cuáles son las sensaciones que provoca el agua al caer sobre el cuerpo y cuál es la temperatura del agua, entre otros. Esto le da la posibilidad a la gente de conectarse con su mente y emociones. Es por ello que esta disciplina alude al término de estar concentrado en el presente, en el aquí y ahora. Al repetir constantemente este tipo de prácticas, se va entrenando al cerebro para que de forma natural se pronuncie esta habilidad de identificar los factores que transcurren en el día a día.

Esta atención plena es también buena para nuestros hijos. Varios científicos han demostrado que esto puede contribuir en la mejora de sus destrezas para prestar atención o para calmarse cuando están molestos. En definitiva, los provee de una herramienta que les sirve para identificar sus emociones y saber cómo manifestarlas. A la vez, incrementa sus estados de felicidad, de comunicación, tranquilidad y fortalece su vínculo familiar y con las personas que lo rodean.

“El mindfulness es poner atención al presente con aceptación y curiosidad, enseñándole a los niños a escuchar y a estar en contacto con el presente. Esto los ayudará a tranquilizarse y reducir su estrés. También les entregará una mayor perspectiva, porque su cerebro crece y se desarrolla de manera más efectiva. Por lo mismo, construyen una mayor inteligencia emocional”, Christopher Willard.

Esta disciplina es muy beneficiosa a largo plazo, ya que le entrega a los niños herramientas que podrán utilizar durante toda su vida, puesto que cada vez existe más evidencia de que esta técnica no solo ayuda a manejar el estrés, la ansiedad y la depresión, sino que también influye en los problemas de conducta, agresión, traumas, adicciones, trastornos de déficit atencional (TDA) e impulsividad.

¿Cómo logramos que un niño de 3 años reflexione sin aburrirse?

Para comenzar, es importante que los padres también practiquen el mindfulness en sus vidas, ya que no pueden enseñar algo que no saben cómo hacer. Por ello, es una dinámica que pueden realizar los adultos y los niños y que puede ser implementada en la rutina diaria del núcleo familiar.

“Los adultos son quienes deben practicarlo e inculcárselo a sus hijos. Este tipo de meditación se puede enseñar a niños sobre los 3 años, pero yo recomiendo que los padres lo practiquen desde el día cero y no cuando ya tienen un hijo, porque si ellos están estresados o desequilibrados, se lo proyectan a los menores y los desestabilizan. Uno de los ejercicios que se sugiere mucho es durante la comida. Por ejemplo, decirle que en las primeras cuatro cucharadas se concentre en sentir los sabores, olores y texturas del alimento. Esto lo deben hacer todos, para motivarlos a efectuar esta meditación. A la larga, esto mismo lo realizará cuando se encuentre en un estado de estrés, porque será capaz de identificar qué le sucede a su organismo y cuáles son las emociones que está experimentando”, advierte Pablo Flores, terapeuta infantil.

Un ejercicio en familia

Christopher Willard explica que si se practica lo suficiente, llevará a que se reconecten partes del cerebro que tienen directa relación con el TDA y problemas de conducta, generando un mayor control de los impulsos y una disminución en las reacciones descontroladas. Por lo mismo, a largo plazo los niños desarrollarán su capacidad de pensar antes de actuar e identificar las consecuencias de sus actos.

“Cuando los padres lo utilizan, incluso sin la participación de sus hijos, mejora la comunicación del hogar, los conflictos disminuyen, la felicidad se incrementa y el estrés decae. Estos ejercicios los pueden practicar con los niños en la mañana o en la noche, cuando están todos reunidos, salen a caminar, o van a la plaza. Yo recomiendo que los practiquen una o dos veces a la semana, en momentos tan cotidianos como cuando se amarran los cordones de los zapatos o se lavan los platos”, advierte el sicólogo.

Esta disciplina es toda una tendencia en Estados Unidos y Europa, incluso los colegios lo están aplicando en las diversas actividades escolares, implementándolo desde la educación preescolar, enseñanza media y en algunas universidades. Tal ha sido el impacto de este tipo de meditación en el área de la educación que los talleres que Willard efectuó en Chile estuvieron colmados de profesores, los cuales mostraron gran interés en esta técnica para poder aplicarla en sus salas de clases.