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Mi hija nació con Síndrome de Down

0-24 meses

Sindrome de down

Quedar embarazada antes de los 30 no estaba en mis planes, significó un cambio rotundo en mi vida, pero sin duda el más hermoso que me puede haber tocado. Fue muy difícil escuchar al doctor decir: “Tu hija viene con complicaciones, no nacerá”. Se me derrumbó todo. No hice nada más que llorar, llorar y llorar. No es fácil asumir que tu bebé viene con alguna trisomía; no obstante, para mí que tuviera con Síndrome de Down fue el regalo más lindo y único que me pudo enviar Dios.

Mi embarazo fue terrible, lo pasé muy mal, pero pasado el quinto mes de gestación, Maite se dio a conocer, mostrándose en ecografías y demostrando lo luchadora que es, y las ganas que tenía de vivir. Fue así como me levanté de mi cama, cambié mi mentalidad y traje todas las buenas energías y vibras para que todo saliera bien, junto al apoyo incondicional de mi familia y amigos.

Maite nació un 18 de octubre de 2013 sin mayores problemas; sin embargo, al mes y medio de vida cayó hospitalizada por 2 meses, debido a una cardiopatía congénita muy común en estos niños. Fueron, sin duda, los peores meses de mi vida. Siempre he dicho que Dios no le manda pruebas a quien no es capaz de superarlas, pero jamás pensé que yo sería una de las elegidas. Siempre creí que era una mujer débil, muy dependiente y sentimental, pero esta experiencia me hizo darme cuenta la gran mujer que soy y lo fuerte que puedo llegar a ser cuando se trata de una parte de mí.

Criar un hijo con Síndrome de Down no es un camino de rosas, al contrario, requiere de mucho tiempo, esfuerzo y dedicación, así como paciencia y expectativas realistas. Debes aprender a ser una madre paciente, enfermera y fisioterapeuta, además de cumplir con tus deberes profesionales. Soy educadora diferencial, así que este tema no me es tan lejano; convivo día a día con menores con capacidades distintas y amo lo que hago. De esta forma es que siempre he pensado que las discapacidades las ponemos nosotros, y lucho día a día contra eso, demostrando que con amor y dedicación todo es posible.

Nuestro reto es conseguir que nuestros hijos alcancen una vida rica y llena de posibilidades, y para eso debemos estimular y activar el desarrollo de su cerebro mediante una inteligente, paciente y constante intervención integral. Ellos aprenderán lo mismo que el resto, pero lo harán a su propio ritmo. En los primeros 3 años de vida, el cerebro aprovecha al máximo todas las posibilidades de aprendizaje y es cuando los niños están más receptivos, por eso es tan importante la estimulación durante este tiempo. Debemos tener claro que estimular a nuestros hijos no es manipular ni acelerar, sino favorecer experiencias enriquecedoras para su sano y productivo desarrollo, convirtiéndose en un medio agradable de exploración, formación, prevención y adquisición de destrezas. La estimulación que les brindemos como familia es la mejor, porque somos las personas que más los conocemos y somos la primera y mayor influencia para ellos en cuanto a afecto, conocimiento, seguridad y autoridad.

Este camino no es fácil, pero es el más interesante y enriquecedor que me pudo haber tocado, doy gracias día a día por tener a mi gorda junto a mí, por venir a enseñarme que la vida puede ser tan hermosa cuando valoramos las cosas simples, y disfrutamos hasta los más mínimos detalles. Cambié mi vida, mi tiempo y mi forma de pensar por ella. Hoy doy mi vida, mi alma y mis energías para sacarla adelante y enseñarle a vivir. Le pido a la vida que me permita vivir muchos años para acompañarla en lo bueno y lo malo; no puedo vivir su vida, pero sí espero que la comparta conmigo día a día.

Por Javiera Álvarez, Educadora diferencial y mamá de Maite.