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Mamás lobas

Embarazo

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Desde el embarazo y más aún cuando se tiene al hijo en los brazos, muchas mujeres sienten la necesidad de extremar los cuidados sobre ese ser que durante un tiempo dependerá exclusivamente de ellas, despertando así un estado de alerta que hasta el momento era desconocido. Ese que incluso anticipa su llanto. ¿Lo has sentido? Descubre por qué.

En los medios circulan muchas historias de mamás que frente a una situación de peligro para sus hijos han reaccionado de manera heroica o han adquirido una fuerza inexplicable, capaz de mover montañas. Esto lejos de ser casualidad, tiene una explicación científicamente comprobada y se llama: oxitocina.

Esta hormona comienza a producirse al instante de la concepción, pero se libera durante el parto por el torrente sanguíneo, ayudando a la contracción del útero y permitiendo el alumbramiento. Una vez ocurrido el nacimiento, la oxitocina influye en diversas regiones cerebrales, transformando a la mayoría de las mujeres en personas aún más sensibles.

Un claro ejemplo de esta sensibilidad es el hecho de que el 80% de las mamás acunan a sus hijos, apoyándolos al lado izquierdo. La razón tardó en llegar y lo hizo de la mano de las investigadoras de la Universidad Sussex, Victoria Bournet y Brenda Todd, quienes aseguraron que esto ocurre debido a que existe una coordinación entre los hemisferios cerebrales madre/hijo.

Que el menor llore, se ría o se enoje al lado izquierdo de la mamá, permitirá que ésta reciba el mensaje en el hemisferio cerebral derecho, lugar en el que se reconocen las emociones y expresiones faciales, pudiendo reaccionar de manera más veloz a los requerimientos de su guagua.

Esta misma hormona es la responsable de reducir la ansiedad, incrementando la tolerancia frente a los llantos constantes de un recién nacido y su producción se mantiene durante todo el tiempo que la madre esté amamantando, pues la succión del menor secreta este neurotransmisor.

Súper mamás

El patrón de conducta que seguramente primero notaste que había sufrido un cambio luego del nacimiento de tu guagua, es la actitud maternal protectora. Situaciones en las que anteriormente habrías reaccionado con miedo o las habrías dejado pasar para evitar un conflicto, ahora son motivo de lucha, especialmente si involucran a tu hijo.

Inga D. Neumann, docente de la Universidad de Regensburg (Alemania), ha analizado a fondo este fenómeno en ratas y sus estudios arrojaron que la respuesta agresiva de estos animales ante la presencia de un intruso que se acerca a sus crías, es proporcional a la cantidad de oxitocina liberada.

De manera paralela, no sólo genera un mayor instinto protector sino que también reduce la ansiedad, fundamental para poder actuar de forma más racional y menos impulsiva. Así se logra un equilibrio perfecto entre agresividad y racionalidad.

Infinito amor

La sensación de tener el corazón repleto de amor por los hijos o sentir gran placer al tenerlos cerca también se explica por la activación de esta hormona. La oxitocina es un neurotransmisor que al llegar a sus receptores, desencadena en la madre un estado de placer y adicción, pues se activa el circuito de recompensa cerebral, que es el mismo que se estimula por drogas como la cocaína o la heroína.

El doctor Michel Odent, reconocido en la corriente de partos naturales, declara que la oxitocina disminuye la irritabilidad y el estrés, y que posee los mismos efectos que un calmante, lo que es fundamental para desarrollar la capacidad de amor.
Alerta de llanto

De seguro te ha ocurrido que en una sala repleta de infantes has sido capaz de reconocer de manera inmediata el llanto de tu hijo, pues no es mera coincidencia. Investigadores de la Universidad Médica de Carolina del Sur utilizaron técnicas de resonancia magnética funcional para comprobar que las regiones cerebrales que se activan en las madres al escuchar este sonido coinciden con lo que se llama el “circuito materno”, encargado de regular las conductas maternas en concordancia con su rol.

Las imágenes también dieron a conocer que el llanto de un hijo, activa en la madre el sistema límbico, que tiene relación directa con las respuestas emocionales.

Sin embargo, no sólo el oído se agudiza a favor del cuidado del recién nacido, sino que también se sensibilizan los sentidos del olfato y del tacto. A tanto llega su desarrollo que experimentos han comprobado que bastan sólo 10 minutos junto al infante para que la madre sea capaz de reconocerlo de cualquier otro niño, con más de un 90% de éxito.

Todos estos cambios, sumados al aumento de memoria, mejoramiento de la capacidad de aprendizaje y a una mejor habilidad para orientarse, transforman a las mamás en verdaderas leonas, que no dudarán en defender su tesoro más preciado: sus hijos.