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Maje infantil: el poder del tacto

0-24 meses

En plena década de los 70’, la norteamericana Vimala McClure era una veinteañera que pasaba una temporada en India, perfeccionándose como profesora de yoga. Paralelamente, en sus ratos libres trabajaba como voluntaria en un orfanato en Varanasi. Fue ahí donde aprendió algo que cambiaría su vida -y la de millones- para siempre.

Una noche, mientras iba a un pozo cercano a buscar agua para el desayuno del día siguiente, escuchó un dulce canto, proveniente de la habitación donde dormían los más pequeños.

La voz pertenecía a una de las chicas indias que ayudaban en el lugar, quien se encontraba masajeando a un bebé, el cual estaba muy tranquilo y se chupaba los dedos. Fascinada, Vimala se agachó a su lado, observando este ritual. Aunque la joven hindú no hablaba muy bien inglés, le explicó que se trataba de una tradición en su cultura, enseñándole durante los días siguientes cómo hacerlo.

Tiempo después, camino a la estación de tren para regresar a EE. UU., el carrito que la llevaba se detuvo para dejar pasar un grupo de vacas. Al lado del camino había un conjunto de viejas chozas de madera, donde vio a una joven madre, agazapada en la tierra, masajeando a su guagua y cantando.

Estas experiencias fueron suficientes para convencerla de traer las bondades de este antiguo arte a Occidente. En 1977 publicó su popular libro “Masaje Infantil: Guía para el Padre y la Madre”, y en 1981 fundó la Asociación Internacional de Masaje Infantil (IAIM), actualmente en más de 50 países y con miles de instructores en todo el mundo.

La psicóloga clínica Francis Cabrera es una de las pocas profesoras de masaje infantil certificadas por la IAIM en Chile. Para ella: “constituye una forma fácil llegar de conocer mejor a tu hijo, pasando tiempo juntos desde las primeras semanas y meses de su vida.

Todas las madres del planeta acunan, acarician o dan masajes a sus pequeños a diario, pasando por los esquimales, los de África Oriental, India, Irlanda, Rusia, Suecia o Sudamérica… En humildes chozas, o en viviendas modernas, como mamás saben que sus bebés deben ser acariciados y mecidos. El arte del masaje infantil forma parte de esas tradiciones que se trasmiten de padres a hijos a lo largo de la historia, perdurando en el tiempo por su eficacia”.

Mónica López es psicóloga, directora del Instituto del BienEstar y desde hace años realiza talleres de esta disciplina para padres. También como educadora certificada por la Asociación Internacional de Masaje Infantil (IAIM), cuenta que el método ideado por Vimala McClure para esta entidad: “integra lo mejor del masaje indio, sueco, reflexología y yoga, donde cada movimiento impacta positivamente la salud y el desarrollo del bebé” (ver recuadro).

En este sentido, la experta aconseja idealmente comenzar a las dos semanas de vida, respetando ese tiempo de adaptación recién salido del útero. “Mientras más chicos mejor, porque se benefician desde el primer momento. Debemos empezar de manera muy suave y sutil, intensificando la presión a medida que crecen”.

En esta misma línea, recomienda siempre pedir permiso al menor, nunca siendo algo forzado. Esto se puede hacer mediante una simple pregunta (¿te puedo hacer masaje?) y luego mover las manos. De esta forma, vamos instaurándolo como hábito.

Sorteando dificultades

Al igual que los adultos, no hay niño igual a otro. Algunos serán más dóciles a la hora del masaje, otros no tanto. Francis Cabrera, quien también dicta clases en su empresa SER KIDS, explica que: “en el programa de la IAIM enseñamos una rutina de movimientos para aliviar gases, cólicos y estreñimiento en los bebés, disminuyendo los malestares y haciendo que vayan tolerando mejor el masaje. Además, impartimos técnicas de relajación para padres. Ello porque si tenemos papás menos ansiosos y más seguros de sí mismos, tendremos guaguas más relajadas, ayudándolas a adaptarse mejor”.

Como profesora, a menudo le toca presenciar esta evolución, la cual es invariablemente positiva, también para los progenitores. “Se vuelven más seguros de sí mismos, más relajados, capaces de conocer mejor a su hijo y diferenciar las señales y tipos de llanto. En fin, mucho más conectados entre ellos”.

Mónica López coincide: “el masaje beneficia emocional y psicológicamente a los padres porque reduce el cortisol (hormona del estrés) y aumenta las endorfinas (hormonas del bienestar). Cabe señalar que los hombres también secretan prolactina y oxitocina al hacer masaje a sus hijos, favoreciendo el vínculo con entre ellos”.

La psicóloga recalca que es importante que quien comience el masaje lo termine, sugiriendo a las parejas turnarse un día uno, y al día siguiente otro. López, quien además es terapeuta familiar y de pareja, sostiene que: “el hecho de compartir esta tarea los hace sentir más alineados en el tema de la crianza, lo cual es muy bueno”.

Aunque un masaje completo puede durar hasta 30 minutos, muchas veces no hay tiempo suficiente. En estos casos, la propuesta es hacerlo por partes. Por ejemplo, un día los pies, otro la espalda y así, con 5 minutos de duración, lo que igualmente beneficiará al menor.

En cuanto a la mejor hora, si bien algunos padres sienten que después del baño o antes de dormir es un buen momento dado que su bebé está más tranquilo o relajado, este puede hacerse en cualquier minuto. “El estado ideal para empezar el masaje es cuando el niño está en alerta tranquila, que es cuando existe cierto movimiento, los ojos suelen estar abiertos, brillantes y enfocados, su carita expresa atención, interacción, y su respiración es regular”, puntualiza.

Complementa que es importante usar aceite vegetal, ojalá cultivado orgánicamente, prensado en frío y de alta calidad, como por ejemplo de almendras, coco, oliva o caléndula. Este resguardo es clave sobre todo cuando se trata de bebés pequeños.

Apego y crecimiento

Si hay un beneficio estrella del masaje infantil que “engancha” a la mayoría de los padres, es que se trata de una excelente herramienta para fomentar el vínculo y el apego con sus hijos. Francis Cabrera sostiene que esto se da mediante: “el contacto visual, uno de los sistemas de comunicación más potentes para establecer vínculos afectivos; el contacto cutáneo, donde el tacto es un elemento muy poderoso en el proceso de vinculación, y la vocalización. Ya a los pocos meses de gestación los bebés responden al sonido, oyendo la voz de sus papás. Por eso, durante los masajes puedes cantarle una canción o contarle un cuento”.

Una pregunta que surge con frecuencia es cómo va cambiando el masaje a medida que el niño crece. Cabrera sostiene que: “mi consejo es dejarse llevar, permitiendo que nuestro hijo nos guíe en este proceso. Es importante mencionar que los límites de edad no son absolutos, cada niño tiene sus propios ritmos y ciclos de crecimiento”.

Igualmente, nos dio algunos tips según la etapa en que nos encontremos:

*GATEO → ¡comienza el desplazamiento! Cuando el pequeño inicia el gateo, el masaje se torna más lúdico. Se puede introducir juegos y canciones, darles un juguete o una galleta. En vez de centrarse en una secuencia rígida de movimientos, hay que limitarse a aplicar el masaje solo en la zona que tenga más disponible. Ello porque los niños se darán la vuelta, se sentarán, se subirán encima, haciendo todo tipo de movimientos. El llamado es a ser creativos en el masaje.

*PRIMERA INFANCIA (de 1 a 3 años) → A partir de esta edad los menores desarrollaran su autonomía y también su libertad para decir “no”. Si ésta es su respuesta cuando quieras darle un masaje, respeta su decisión. A veces pueden pedirte el masaje indirectamente con frases como “me duele la guata”, por lo que debes estar atenta. Hay que realizar los movimientos de forma divertida, utilizando la imaginación, para que el niño disfrute del masaje como una instancia de juego.

*EDAD PREESCOLAR (3 a 5 años) → Tu hijo estará más tranquilo, facilitando el proceso. Puedes realizar el masaje después del baño o antes de dormir, adaptando los movimientos a sus extremidades en crecimiento. Hay que respetar el pudor que pueda tener, dejándole puesta una camiseta o la ropa interior. Cuéntale un cuento mientras le haces masaje, pregúntale qué parte están trabajando, ayudándolo a identificar las distintas zonas de su cuerpo.

UN MUNDO DE BENEFICIOS

Además de favorecer el apego, esta disciplina tiene muchas más bondades. La psicóloga Mónica López, educadora certificada por la Asociación Internacional de Masaje Infantil (IAIM), nos entrega detalles.

* Relaja y alivia del estrés: mediante el masaje, ayudamos a los bebés a descubrir las tensiones que se producen en su cuerpo al enfrentar a diario situaciones y objetos nuevos. Como las caricias les producen placer, se relajan. Lo mismo ocurre para quien está dando el masaje.

*Contribuye a su desarrollo psicológico: el masaje cambia los patrones de comportamiento, reduciendo los umbrales de miedo y excitación, al tiempo que aumenta la tranquilidad y sociabilidad. Además, favorece las habilidades sociales al fomentar un mejor contacto visual, junto con el aprendizaje de pautas amorosas de acercamiento con otros.

Los pequeños que han establecido un contacto cercano con sus padres a través del masaje crecen con conductas menos agresivas. El estímulo táctil, auditivo, visual y emocional que se desarrolla pone al bebé en estado de alerta, abriéndolo a procesos de memorización y aprendizaje. También contribuye a integrar hábitos y rutinas, entregando mayor contención y estabilidad a los niños.

*Ayuda a reconocer los límites corporales: el masaje nos permite tomar conciencia de las dimensiones y el espacio de nuestro cuerpo en relación con el espacio externo, favoreciendo el respeto por los límites tanto propios como de los demás. A su vez, si el conocimiento ha sido placentero, favorece una buena aceptación de uno mismo, factor esencial para la seguridad, confianza y autoestima.

*Fomenta la liberación emocional y física: el masaje ayuda a autorregular, canalizar y procesar las experiencias vividas, permitiendo al bebé liberar las tensiones acumuladas durante el día con las personas en quien más confía.

*Regula y refuerza la función gastrointestinal: el masaje ayuda a madurar el sistema gastro-intestinal. Después de regularlo, mediante la estimulación se pueden solucionar las incomodidades producidas por cólicos, gases y estreñimiento.

*Estimula el sistema inmunológico: la seguridad que podemos ofrecer al pequeño a través de un contacto corporal amoroso y continuo, así como el hecho de favorecer un estado de tranquilidad y relajación, fortalecerán su sistema inmune, activando mejor sus defensas frente a infecciones u otras enfermedades.

*Propicia un mejor desarrollo del sistema nervioso: la piel es el mayor y más poderoso sistema de comunicación del que dispone el bebé. A través del tacto, se transmiten infinidad de mensajes del medio externo al interno (cerebro). El masaje favorece la capacidad para recibir los estímulos y aumentar el umbral de percepción de éstos, fomentando una mejor capacidad de aprendizaje.

*Contribuye a una mejor circulación sanguínea y linfática: a mayor aporte de oxígeno, mayor limpieza de la sangre. Los movimientos de entrada ayudan al retorno de la sangre al corazón, produciendo un efecto tonificante. Los de salida ayudan a la sangre a llegar hasta las extremidades -manos y pies-, generando relajación. Además, el masaje ayuda a drenar suavemente el sistema linfático.

*Favorece el sistema hormonal: se reduce el ACTH (corticotropina) y las catecolaminas. Paralelamente, aumenta la liberación de hormonas del crecimiento, endorfinas (hormona del placer), oxitocina (hormona del apego), y prolactina, encargada de la producción de leche y de favorecer la vinculación madre e hijo. La prolactina no solo se produce en la mamá, sino también en el padre o los hermanos cuando se contactan afectuosamente con el bebé vía tacto. En el caso de guaguas o niños con diabetes, también es muy beneficioso.

*Fortalece el Sistema Respiratorio: el masaje en la zona del pecho, espalda y hombros ayuda a regular el sistema respiratorio, fortaleciendo los pulmones y mejorando congestiones por mucosidad. Colabora también a lograr una respiración profunda, por el efecto del sistema táctil sobre el sistema nervioso autónomo.

*Refuerza el Sistema Muscular: el masaje tiene un efecto relajante y tonificante de la musculatura. Ayuda a hidratar y tonificar la piel, disolver nudos de tensión física y emocional, mejorando la flexibilidad, coordinación y psicomotricidad en general. Por otra parte, los bebés con problemas de aceptación del tacto -prematuros, híper sensitivos-  aumentan gradualmente la tolerancia de forma suave y cuidadosa.

*Ayuda en la recuperación del peso en prematuros: el masaje puede estimular los nervios cerebrales que facilitan la absorción de los alimentos, produce un aumento más rápido de peso, especialmente beneficioso en prematuros. En casos de niños hospitalizados, el masaje infantil también acelera el proceso de recuperación.

¿DÓNDE APRENDER?

Mónica López, educadora en Masaje Infantil, Certificada por la Asociación Internacional de Masaje Infantil (IAIM) 

Teléfono: +569 82484614

Dirección: Cerro el Plomo 5931, oficina 701, Las Condes.

www.sanarte.cl

Francis Cabrera, instructora de masaje infantil certificada por la Asociación Venezolana de Masaje Infantil (AVMI) y avalada por la Asociación Internacional de Masaje Infantil (IAIM) →

Teléfono: +569 71827958

Mail: [email protected]

También puedes consultar la página web de la Asociación Chilena de Masaje infantil (www.achmi.cl), donde aparece la lista de instructoras certificadas en distintas regiones de Chile.

Teléfono: +56 9 9128 4371 y +56 9 6595 5940.

Mail: [email protected]