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¿Le doy agua o no?

0-24 meses

Esta es una pregunta muy recurrente entre las mamás de niños pequeños, pues se sabe poco del cuándo y cuánto líquido necesitan realmente nuestros hijos. Lo cierto es que probablemente te sorprenderá saber que cuando cumplen 1 año, requieren bastante más de lo que uno imagina.

El cuerpo de un adulto está compuesto en promedio por un 50% de agua, mientras que en los lactantes esta cifra sube a un 70%. Esto se explica debido a que su fisiología hace que tengan una menor capacidad de sudoración y eliminación de sustancias por vía renal. Estas diferencias entre niños y adultos son las que guían las recomendaciones de ingesta de líquidos.

Su primer año

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Academia Americana de Pediatría (AAP) aconsejan que durante los 6 primeros meses de vida del menor se alimente exclusivamente de leche materna, pues está comprobado que ésta aporta todo el líquido que la guagua requiere para el correcto funcionamiento de su organismo.

En el caso de las guaguas que se alimenten con leche artificial, la recomendación es la misma, pues las fórmulas están elaboradas para suplir sus requerimientos. Sólo hay que estar atentos cuando el ambiente es muy caluroso o si el menor presenta fiebre. En ambos casos, la sugerencia es ofrecer más a menudo ya sea el pecho o la mamadera.

Entre los 5 y los 7 meses se da inicio a la etapa de incorporación de nuevos alimentos a la dieta infantil. A esta altura sus necesidades diarias de líquido van desde los 800 ml a los 1.000 ml. por lo que ya se le puede comenzar a ofrecer agua adicional a sus comidas y leches, las que se deben mantener de acuerdo a lo indicado por el pediatra.

Una vez que el niño empieza a ingerir líquidos adicionales, las opciones más recomendadas son agua, jugos naturales o infusiones de hierbas, las que incluso pueden ayudar para lograr un sueño más tranquilo, como es el caso de la Melisa.

Fundamental es no obligarlos a tomar si no lo desean. Los menores son capaces de identificar cuáles son sus necesidades, por lo que en caso de sentir sed de seguro recurrirán al llanto cuando son pequeños o lo verbalizarán cuando puedan hacerlo.

Una buena forma de acostumbrarlos a beber agua, es tener siempre a la mano una mamadera o patito para ofrecerle el líquido cuando se crea que lo requieren. Si el menor se niega a esta alternativa, no insistir para no generar rechazo, ni tampoco recurrir a opciones que puedan parecer más  atractivas como las bebidas, ya que no son aconsejables para la edad y siempre será más saludable en ese caso un jugo natural.

¡Ya creció!

Cuando tu guagua deja de serlo y se transforma en un niño, comienza a tener requerimientos más cercanos a los de un adulto, es decir, entre 1 y 3 años, el menor debiese tomar entre 1.100 ml. y 1.300 ml diarios. De eso, obtendrá en promedio un 20% de los alimentos que ingiera pero el 80% restante deberá ser administrado en forma oral, lo que se traduce en  4 o 5 vasos de agua diarios. Estas cifras pueden variar dependiendo del menor, pero si consideras que tu hijo se hidrata poco, lo mejor es consultar con su pediatra.

En el caso de niños de entre 4 años y 8 años, se sugiere una ingesta de 1.700 ml. diarios, mientras que de 9 a 13 años, de 2.100 ml. a 2.400 ml. Al ser niños más grandes, realizan mayor actividad física y por ende pierden mayor cantidad de agua, por lo que una educación desde pequeños hará más fácil la tarea.

Ojo con la deshidratación

Las causas más comunes de deshidratación infantil  provienen de vómitos o diarreas. Sin embargo, también se puede deber a una baja ingesta de líquidos o a excesiva sudoración. Por lo que frente a estos casos es fundamental estar atentos a signos que pueden alertarnos sobre la situación:

– Sequedad de labios y boca.

– Que el niño lleve muchas horas sin hacer pipí.

– Ojos hundidos.

– Debilidad general.