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Working Mother | Julia Vial

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La periodista y animadora de “Hola Chile”, matinal de La Red, debió atravesar un duro camino para concretar el sueño de ser madre. Por eso disfruta la maternidad con todas sus dificultades y gratificaciones. Hoy vive a pleno su rol de working mother.   

Julia nos recibe con una sonrisa y energía extraordinarias, a primera vista no evidencia cansancio ni mucho menos queja alguna. Pero, con dos hijos pequeños: Julia, de 6 años, y Polo, ad portas de su primer cumpleaños, el día a día de la periodista es una verdadera montaña rusa. Como toda madre trabajadora, distribuye su tiempo entre los compromisos laborales, sociales y familiares, claro que a ello debe añadir una cuota extra de dedicación, pues su primogénita nació con Síndrome de Down, razón por la que las terapias y talleres de estimulación han copado su agenda desde que Juli (como le dicen a la pequeña) llegó al mundo. Gracias a una entrega admirable, la animadora y su marido (Leopoldo Muñoz) han vencido sus propios temores y conseguido que su hija se desarrolle de la manera más independiente posible.

El año pasado, exactamente el 24 de diciembre, y luego de afrontar una dura batalla por ser padres nuevamente, los Muñoz Vial recibieron a Polito, el primer varón del clan. Hoy, junto a su familia, Julia agradece y disfruta cada acontecimiento de la maternidad. En exclusiva, la animadora de “Hola Chile”, matinal de La Red, nos revela cómo desempeña el rol de working mother.

Tus dos hijos fueron concebidos mediante técnicas de reproducción asistida, ¿cómo se vive la infertilidad en nuestro país? 

El tema de la infertilidad en Chile es bien dramático, porque si no tienes la plata es bien difícil, imagínate que un examen de sangre de una hormona cuesta $180 mil. ¡¿Cuántas personas en este país tienen esa cantidad de plata solo para un examen?! ¡Nadie! Polito nació en diciembre y yo lo terminé de pagar en febrero, siempre cuento eso, la gente se ríe, pero es verdad. Tuve la suerte de que pude ir al banco a pedir un crédito y pagarlo, pero la mayoría no puede hacerlo, entonces, ¿qué hacen?, ¿tiene que renunciar al sueño de ser padre?, porque la adopción acá tampoco es un proceso fácil. Hoy en día nos quejamos de la baja tasa de natalidad, pero tampoco hacemos nada por ayudar a quienes no pueden lograrlo de manera natural, que no sé por qué factores son cada día más parejas.

Luego de intentarlo por mucho tiempo, quedaste embarazada de Polito, ¿cómo viviste el segundo embarazo, fue muy distinto respecto del primero?

Sí, porque en el primero, que fue un embarazo asistido, quedé embarazada al tercer intento, entonces fue una gestación muy fácil, por decirlo de alguna forma. En cambio la segunda vez fue más compleja porque entre medio sufrí una pérdida, a los tres meses y medio. Tuve que someterme al proceso de entrar a pabellón, andaba con las hormonas revolucionadas, por lo que fue muy desgastante física, emocional y económicamente. Entonces el segundo -en realidad tercer embarazo, que fue el de Polito- fue tremendamente buscado, enormemente ansiado, pero con todas las inyecciones de hormonas no me sentí bien durante los primeros tres a cuatro meses, en realidad me sentí más o menos mal.

Pero, ¿pudiste disfrutar del embarazo?

¡Sí! A partir del quinto mes cuando me dejé de inyectar hormonas. Lo disfruté tanto, tanto, que cuando tenía ocho meses de gestación me descubrieron diabetes gestacional, así que ahí volví a la dieta que seguí en el embarazo de la Juli. La verdad, es que me había desbandado un poco… ¡Imagínate! Me mandaban a comprar pan a la panadería, compraba un kilo de hallullas y llegaba con tres panes de vuelta. ¡Me mandaba el resto en el camino! No… si me porté mal.

Durante cinco años Julita fue hija única, ¿cómo tomó la llegada de un hermanito?

Hicimos todo un trabajo previo bien complejo, pero, ¿sabes qué?, la Juli es tan generosa, tan seca, que lo tomó muy bien. Polito la ama, lo único que quiere es estar con ella.

¿Cómo compatibilizas el trabajo con el rol de madre?

Mira, a veces se hace un poco complejo, pero yo tengo la suerte que lamentablemente no tiene la mayoría de las mujeres en Chile, que es que trabajo solo en las mañanas. Entonces durante ese tiempo la Julita va al colegio y el Polito se queda en la casa tratando de dormir. Mi marido la va a dejar y a buscar a clases. Yo me hago cargo en las tardes vamos a las terapias, voy y vuelvo, voy y vuelvo, y en esos pequeños ratos trato de estar lo más posible con Polito. Y así nos organizamos.

A los tres meses te enteraste que tu hija venía con Síndrome de Down, ¿cómo enfrentaste la noticia?

Igual fue fuerte porque era primeriza. Con mi marido éramos absolutamente ignorantes en el tema, no conocíamos a nadie cercano que tuviera la experiencia, ¡es una cosa que no se te pasa por la cabeza! Siendo honesta, lloré los primeros tres días, iba a la pega, lloraba en el auto, me maquillaba, hacia mi pega, me volvía a subir al auto y seguía llorando. Pero al tercer día me dije, “oye, ¡¿porque estoy llorando?!, esta es mi guagua, está sintiendo absolutamente todo, se va a sentir no querida, y yo en verdad la amo, y que venga con trisomía 21 o no, es un pelo de la cola”. Entonces me di cuenta que lo que tenía que hacer era empezar a investigar, a ver cómo la podía hacer lo más feliz y autovalente posible. Y a eso me dediqué.

¿Qué ha sido lo más complejo en su crianza?

De verdad que nada, te lo juro. Encuentro que la Juli es seca, es voluntariosa, tiene una tenacidad que yo me la quisiera por un fin de semana. No ha sido complejo, al contrario, yo siempre lo he dicho, con ella, más que lo que uno le puede enseñar, es ella la que nos vino a enseñar a todos.

¿Has sentido algún tipo de discriminación?

No la hemos sentido, pero uno sabe que tarde o temprano va a pasar. Si hoy en día me preguntas, no sé si estoy preparada para enfrentarla, creo que se me saldría un poco lo leona y lo yegua que puedo llegar a ser, entonces espero que en el minuto que pase tenga la altura de miras suficiente para no hacer un escándalo. Es un tema que con el tiempo lo he ido trabajando, lo he ido aprendiendo y creo que lo he ido mejorando.

¿Tienes planes de agrandar la familia?

Me encantaría, pero es un proceso difícil porque hay que estar emocional, física y económicamente apta para ir de nuevo a la búsqueda.

 

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