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Jardín sin lágrimas

2-3 años

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El ingreso al mundo de la educación preescolar puede ser un proceso estresante para los niños, pues por primera vez tendrán que dejar una zona de seguridad -su casa- para desenvolverse en un ambiente nuevo y rodeado de desconocidos. La preparación previa y el apoyo y la contención de los padres se vuelven entonces fundamentales en esta nueva etapa que comienzan a vivir como familia.

Durante los primeros días de clases, la tónica es encontrar a padres nerviosos, niños asustados y llantos, muchos llantos. Las explicaciones a esta reacción pueden ser varias: edad de inicio muy temprana y falta de información y desconocimiento del entorno, entre otras.

Para saber cómo actuar antes, durante y después de comenzar a asistir al jardín infantil, recurrimos a la psicóloga infanto juvenil, Varinia Signorelli, quien entrega las siguientes sugerencias.

Edad de ingreso

Siempre tratamos de buscar patrones comunes entre los niños, sin embargo esto es un error. Todos y cada uno de ellos es un mundo diferente, con necesidades específicas y ritmos propios, por lo que la especialista asegura que no existe una edad “ideal” para ingresar al jardín.

“Los niños necesitan incorporarse al mundo de la mano de la madre, padre o cuidador. Una vez que se consolida este lazo y se tiene la seguridad necesaria, será capaz de quedarse sin esa persona y participar en actividades con otros adultos significativos”, afirma Signorelli.

Por lo anterior, la edad puede variar, pues dependerá de cuánto tarde el menor en adquirir la seguridad necesaria para estar solo y sin angustia junto a la educadora que estará a cargo. Ésta -por lo general- se alcanza entre los 2 años y medio y los 3 años.

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Adaptación

El proceso de adaptación debe hacerse respetando los tiempos y necesidades del menor. Si al dejarlo queda feliz, los padres pueden retirarse avisándole que volverán por él a una hora determinada, y cumplir con lo acordado, ya que esto le dará seguridad para enfrentar los días posteriores. Sin embargo, también es factible que la reacción sea la contraria, es decir, que experimente una gran angustia por la separación. ¿Qué hacer en este caso?

Se sugiere acompañar al menor que muestra pena en su proceso de adaptación y por ningún motivo dejarlo llorando o salir escondido cuando éste se haya concentrado en alguna tarea, puesto que “los niños viven una profunda pena y se sienten abandonados por las personas que más quieren en este mundo. Algunos se conforman con la tristeza y lloran menos, mientras otros van a luchar por volver con su mamá, llorando durante toda la jornada”, indica.

El llanto en este caso representa una necesidad de seguridad, la que se adquirirá con el tiempo. Esta madurez no se puede forzar, pero sí hay acciones que pueden ayudar a entender por lo que se está atravesando. Por ejemplo, se sugiere acompañarlos para que conozcan a sus educadoras y a los demás niños que compartirán con él, explicarle todo lo que va a suceder con detalle y ser puntual en la ida a buscar y dejar.

Llegó el día

Es importante que el primer día que se le deje en el jardín, éste sea un lugar familiar. Que haya compartido con las educadoras que estarán a su cargo y con quienes serán sus compañeros de curso. Además, es fundamental cerciorarse de que en ese sitio realizará actividades de acuerdo a su edad y, lo más importante, haber conversado con él, contándole todo lo que pasará, incluso el hecho de que puede que sienta pena.

“Hay que decirles que a lo mejor estará triste, que es normal sentirse así. No solamente se le debe hablar de lo bonito, porque las cosas no siempre lo son y el no nombrarlas no significa que no vayan a ocurrir. Toda conversación debe mantenerse con sinceridad y mucho cariño”, sostiene la especialista.

Preparaciones:

Las preparaciones previas al ingreso al jardín deben ser:

Llevarlo a conocer el lugar, a las educadoras y a quienes serán sus compañeros.

Hacerlo parte de todo el proceso, incluyéndolo en la compra de su mochila, lonchera, colaciones, etc.

Decirle paso a paso lo que irá ocurriendo, los cambios y nuevas experiencias (nombrar lo bueno y lo no tan bueno).

Cumplir con todo lo que se le ha dicho, tanto en horarios como en la compañía que tendrá en aquel momento. Si el discurso inicial era que jamás lo dejarían sólo, en caso de llanto se le debe acoger hasta que adquiera la confianza para permanecer sin sus figuras significativas.

Si estás ad portas de tener que ingresar a tu hijo al jardín, acá te dejamos un reportaje sobre Currículo Integral, uno de los sistemas más populares en la educación parvularia.