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Hiperpaternidad, nace una nueva categoría de padres

2-3 años

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¿Eres de aquellos padres que carga la mochila de sus hijos?, ¿no permites que realicen labores domésticas?, ¿copas sus agendas con un largo listado de actividades extra progamáticas? ¡Cuidado! Podrías pertenecer a la generación de los hiperpadres.

El desarrollo de la sociedad moderna ha traído consigo un fenómeno en exponencial aumento: la hiperpaternidad. Se trata de un modelo de crianza en el que los progenitores ubican a sus hijos en un verdadero pedestal, impidiendo que éstos crezcan y fortalezcan su autonomía e independencia. “La hiperpaternidad es un estilo de crianza que se caracteriza por una atención excesiva a los hijos. Los padres entienden que, para cumplir bien su rol, han de estar pendientes de ellos de una forma exagerada, resolviendo sus problemas, anticipándose a ellos y haciendo las cosas en su lugar. En vez de criar y educar a los hijos, parece que estuvieran gestionándolos”, señala la periodista Eva Millet, autora del libro “Hiperpaternidad”.

La hiperpaternidad es un tipo de educación originado en Estados Unidos, tornándose un modelo habitual en las sociedades acomodadas como la nuestra. Los hiperpadres orbitan alrededor de sus hijos, planificando y controlando cada milímetro de sus acciones y dándoles todo lo que deseen con el propósito de convertirlos en hombres y mujeres de éxito. Consiste en un tipo de crianza desmedidamente sobreprotector que busca formar personas perfectas, exitosas y triunfadoras.

Comúnmente esta generación de padres modernos atiborra a sus hijos de actividades extracurriculares, con el objetivo de entregarles una educación de máxima calidad y altamente competitiva. Asimismo, no les permiten realizar tareas domésticas como hacer la cama o retirar los platos de la mesa; para adoptar decisiones toman en consideración la opinión de sus niños, permitiéndoles incluso intervenir en conversaciones de adultos. En definitiva, los hiperpadres ejercen de choferes, entrenadores, guardaespaldas, profesores, manager, mayordomos, etc., impidiendo la adquisición de autonomía y la capacidad de esfuerzo.

Contrariamente a la intención de estos hiperpadres, este tipo de crianza no contribuye a la adecuada formación del menor, “Con hijos sobreestimulados y sobreprotegidos se corre el riesgo de crear niños temerosos y poco resolutivos. Si los padres siempre se anticipan a las necesidades y deseos de los menores, ellos terminan creyendo que no pueden hacer nada por sí mismos. Este modo de crianza no solo está consiguiendo matar la espontaneidad infantil, sino que contribuye sustantivamente a criar pequeños tiranos fanfarrones y narcisos”, precisa Karin Fuchs Throm, psicóloga de la Clínica Ciudad del Mar.

¿Qué hacer si soy un hiperpadre?
Pasar de un modelo de hiperpaternidad al underparenting permitirá un mejor desarrollo de las capacidades infantiles. El underparenting consiste básicamente en hacer menos caso a los hijos, creando un escenario de sana desatención. Este método de educación sugiere que sean los niños quienes carguen su mochila, hagan la cama y, en general, realicen tareas domésticas. Asimismo, recomienda no permitir que los pequeños interrumpan conversaciones de adultos, y no preguntarles sistemáticamente todo previo a la toma de decisiones cotidianas.

¿Cuál es el límite?
De acuerdo con lo señalado por Karin Fuchs Throm, la diferencia entre padres que quieren lo mejor para sus hijos y aquellos que pertenecen a la hiperpaternidad es prácticamente imperceptible. “El hiperpadre no permite que su hijo se frustre, mientras que el padre con sentido común le da armas a sus hijos para que se enfrenten a la vida, para que tengan resistencia a la frustración, para que aprendan a ser personas y no súper personas”, indica Eva Millet, a lo que agrega, “querer a un hijo no es sacarle las piedras del camino, sino que es que entienda que sea como sea y sea quien sea, sus padres lo querrán igual. Debemos confiar en nuestros hijos para que ellos logren confiar en sí mismos”.