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¿Hay que obligar a los niños a comer?

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Con el inicio del año escolar, para muchas familias llega el momento de  volver a ordenar los horarios de comida. No obstante, en ocasiones lograr que los niños consuman las fibras y nutrientes necesarios para su desarrollo es una tarea que puede tomar muchas discusiones y peleas en la mesa. Por esta razón, la psicóloga de Centros Médicos Vidaintegra, Karina Navarro, entrega una serie de recomendaciones para aquellos padres que temen que sus hijos no estén ingiriendo los alimentos que requieren en la cantidad adecuada.

Cuando llega la hora de almorzar o cenar, algunos niños corren a la mesa y disfrutan de su comida. Sin embargo, no siempre sucede así y en muchos casos hay que sacarlos del computador o convencerlos de que dejen su teléfono a un lado. Este tipo de distracciones, más el desinterés por algunos platos, resulta en la mala alimentación de los menores, perjudicando su crecimiento y desarrollo.  

Según la psicóloga de Centros Médicos Vidaintegra, Karina Navarro, si los padres observan que su hijo no está realizando una ingesta normal de comida, deben acudir a un pediatra o un nutriólogo infantil, “ya que es la persona indicada para señalar si el menor se encuentra bien nutrido, con el peso adecuado de acuerdo a su altura y edad”.

Mientras nos encontramos en un periodo de observación, donde evaluamos si efectivamente existe un problema en la alimentación del infante, los padres no deben obligar a sus hijos a comer, ya que se puede volver un momento de estrés o traumático. “Debemos evitar que la alimentación sea una situación tensa, porque puede provocar un mayor rechazo a la comida y también podrían comenzar a aparecer dinámicas disfuncionales a nivel familiar, como son las amenazas y los castigos severos”, explica Navarro. Otras conductas inapropiadas que pueden adoptar los padres son darles comida chatarra o en exceso sólo por querer calmar su propia preocupación frente a este tema.

La profesional enfatiza que se deben establecer horarios claros para cada comida del día desde muy pequeños. “Los niños no tienen un manejo del tiempo, es decir, se basan en señales o conductas, por lo tanto una rutina bien establecida permite organizar el día para que el menor vaya comprendiendo de manera natural que la alimentación es parte del quehacer diario”, afirma. Un ambiente desordenado, sin rutinas ni límites, podría dar pie a que el menor no coma o lo haga en cualquier momento.

¿Cuándo acudir a un especialista?

Cuando vemos que efectivamente el niño no quiere recibir ningún tipo de alimento o comida, incluso aquella que antes le gustaba o cuándo hay pérdida de peso o decaimiento, debemos acudir inmediatamente a un especialista.

Esta preocupación no sólo debe estar en los más pequeños, sino que debe mantenerse en la pre adolescencia y adolescencia, ya que es un periodo en el cual los jóvenes se sienten más exigidos por sus pares. “A muchos les inquieta su imagen, por esa razón el uso de las redes sociales puede transformarse en un problema, ya que están expuestos a comentarios negativos u hostigamientos. Es fundamental que los padres los apoyen y orienten, así será menos probable que afloren  trastornos alimenticios muy difíciles de rehabilitar como son la anorexia y la bulimia, que a esta edad son más visibles”, agrega la psicóloga de Vidaintegra.

Tips para prevenir problemas alimenticios

– Familiarizar los alimentos: acostumbrar a los niños desde pequeños a comer de todo.

– Comer en familia: de esta forma los más chicos observarán a los mayores y serán su modelo a seguir.

– Evitar los menús especiales: que no exista la posibilidad de cambiar la alimentación cuando el niño no quiere comer lo que se le presenta, pues esto “da espacio a una flexibilidad excesiva que finalmente jugará en contra de los buenos hábitos”, dice la especialista.

– Participar de la cocina: invitar a los niños a ser “chef” y que ellos preparen cosas sencillas pero nutritivas, como ensaladas, sándwich saludables, postres de fruta o jugos, introduciendo así los alimentos que ellos necesitan y que en ocasiones no quieren comer por su color, olor o textura.

– Dejar la tecnología de lado: los niños deben ver y disfrutar lo que comen, por ello el uso de la televisión o pantallas de cualquier tipo no son recomendables en la mesa familiar.

Considerar la salud: ante cualquier malestar, como resfrío, dolor de estómago o cualquier patología bucal, se inhiben los deseos de comer, por lo cual es importante observar que el menor esté bien de salud, antes de ponernos ansiosos si rechazan los alimentos.