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Enseñándoles sobre el medio ambiente

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Los niños cada día están más conectados con el mundo virtual y no conocen realmente lo que les rodea. Las actividades al aire libre, como la creación de una huerta, pueden ser sumamente satisfactorias y educativas para nuestros hijos.

Bajo la premisa de crear conciencia en los colegios sobre el despilfarro de alimentos y como una media para fomentar en los niños el cuidado del medio ambiente, la ministra francesa de ecología, Ségolène Royal, declaró sus intenciones de hacer huertos en las escuelas del país. La iniciativa tiene el fin de inculcar una educación ecológica en los párvulos y, a la vez, que aprendan a respetar a la biósfera.

“El vínculo con la naturaleza es un elemento clave de la educación medioambiental y del aprendizaje del respeto por los espacios verdes”, indicó a los medios locales la autoridad de dicha nación. Asimismo, explicó que existen casos que han demostrado que los alumnos sienten gran nivel de satisfacción al trabajar con las hortalizas y que, además, este espacio crea en sus mentes el sentimiento de estar produciendo lo que se van a comer, aunque sea en un grado más simbólico. El plan de Royal incluye la asesoría de asociaciones o fundaciones especializadas en el tema y, posteriormente, incorporar directamente a los agricultores de la zona a este programa educacional.

Al leer esta noticia surge la interrogante de si realmente es necesario que nuestros hijos sean capaces de sembrar y cosechar sus propias verduras y frutas. La respuesta es simple: estas medidas buscan educar de una forma más profunda sobre la conciencia de lo que está pasando en el mundo.

Como padres, debemos tener en cuenta que nuestros niños son los líderes del futuro y en sus manos está el reto de cuidar el planeta. Por lo mismo, desde pequeños debemos inculcarles este compromiso y mostrarles que vale la pena salvaguardar esta herencia.

Estimular junto a la naturaleza

Vivimos en una época donde cada vez más niños están desconectados del medio ambiente y no reconocen el mundo que los rodea. Por ello, es importante tener en claro cuáles son los beneficios que otorgan el aprendizaje al aire libre y cómo podemos inspirar a nuestros hijos a cuidarlo.

Actualmente, los estudios han demostrado que la educación ambiental involucra a los alumnos en el aprendizaje, elevando resultados de las pruebas y alentando a los jóvenes a seguir carreras relacionadas con la naturaleza y recursos medio ambientales.

Por ello, algunos países han comenzado a incluir dentro de sus programas educativos planes que integren la vida al exterior, para estimular a los niños y obtener mejores resultados de aprendizaje. Además, existe una gran preocupación de cómo los párvulos desarrollan más sus habilidades virtuales, pero son incapaces de adquirir conocimientos sobre el mundo natural.

Cada día se suman más menores sobreestimulados, con dificultades de atención, hiperactividad, obesidad y sobre todo, desconectados con las cosas simples que los rodean, como mirar el camino que forman las hormigas o cómo florecen los árboles en primavera. En esta era todo se da por sentado y no hay espacio para la reflexión.

Cuando nos recostamos sobre el pasto y vemos cómo se mueven las nubes, estamos estimulando varias áreas de nuestro cuerpo. Podemos oler las hierbas, sentir su textura sobre nuestro cuerpo y echar a volar la imaginación sobre las figuras que conforman los nubarrones. Este ejercicio es muy sencillo y podemos practicarlo con nuestros hijos. Es una manera simple de invitarlos a dejar el computador o televisor y hacerlos reflexionar sobre los elementos que están a su alrededor. Además, si los niños son separados de la naturaleza, ¿cómo van a aprender y entender el valor que esta posee?

Líderes del futuro

Hoy existen proyectos educativos que buscan que los colegios estimulen a sus estudiantes a plantar árboles, diseñar jardines con plantas nativas, restaurar hábitats e investigar fuentes alternativas de energía. Este propósito tiene el fin de educar a los próximos líderes del mundo y que posean una real preocupación por su entorno.

Además, podemos encontrar jardines infantiles y colegios que se basan en la filosofía Waldorf, la cual propone dentro de sus bases el reconocimiento de la necesidad de reavivar el compromiso con el mundo natural, para así tomar medidas prácticas hacia la protección de la tierra y sus recursos.

Este sistema fue concebido por el filósofo austríaco Rudolf Steiner, el cual postuló que la educación ambiental debía ser iniciada en la primera infancia, cultivando en los menores la importancia de la naturaleza, mediante juegos al aire libre y la creación de juguetes con materiales reciclados.

Esta educación ha sido implementada en cursos o talleres dentro de varios colegios, los cuales no son parte de la filosofía Waldorf, ya que posee un sinnúmero de beneficios al fomentar la conexión con la tierra e inspirar su cuidado y respeto. A la vez, los menores tienden a prestar más atención a aquellas clases que son ciento por ciento estimulantes y muestran de forma fidedigna los resultados de la educación.

“Cuando llevamos a los niños al sector de la huerta, les enseñamos a plantar la semilla y luego a cuidarla. Siempre están muy motivados y ansiosos de aprender cada paso. Saben que primero nace una planta, luego crece una flor y que esta se transforma en fruto, el cual después se podrán comer. Se nota que quieren aprender, es más, surge su capacidad de asombro y curiosidad cuando tienen en sus propias manos la materia que indirectamente les quiero enseñar. Al final del curso, todos mis alumnos se han aprendido de forma entusiasta el desarrollo de un vegetal y lo celebramos comiéndonos lo que cosechamos”, advierte la educadora Macarena González.