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¿Qué hacer si mi hijo repitió de curso?

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Cifras del Ministerio de Educación indican que la repitencia escolar en Chile se eleva al 4,5 %. Algo preocupante, puesto que es uno de los factores gatillantes de la deserción escolar. Ya el 2014 la Unesco señalaba que prácticamente el número de repitentes se ha duplicado en un lapso de 6 años. ¿Cómo apoyar a los niños en este difícil proceso?

Según definición del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la repitencia escolar se entiende como la acción de cursar más de una vez un año escolar debido a que el estudiante no logra asimilar los aprendizajes esperados ni alcanzar las exigencias mínimas propuestas para dar cumplimiento a los objetivos establecidos para ese curso.

Así, al finalizar cada año académico, aparece el fantasma de la repitencia para los escolares y sus familias, y muchos niños y adolescentes viven gran angustia frente a la posibilidad de reprobar el año. Pero hay que tener claro que las razones tras una repitencia son múltiples. “El éxito o fracaso de los niños en la escuela obedece a una multiplicidad de factores que convergen, integrando aspectos a nivel individual, familiar, social, material y cultural, los que se articulan y refuerzan ecológicamente”, indica la psicóloga Susana Arancibia, docente de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico.

Y los casos no son pocos. La especialista indica que en Chile durante el año 2015 repitieron alrededor de 126 mil escolares, equivalente al 4,5% de la población escolar del país. La mayoría de los casos corresponde a varones pertenecientes a colegios municipalizados. Si bien las niñas también presentan una tasa de reprobación importante, ésta no supera el 13%, porcentaje bastante inferior al presentado por los niños, con un 20% de reprobación aproximadamente.

No obstante, diversos estudios realizados en Chile y otros países, verificados por la OCDE, dejan en evidencia que la repitencia de curso no es la mejor estrategia para enfrentar un fracaso escolar. “De hecho, un niño repitente tiene un 20% más de probabilidades de desertar del sistema escolar, sin embargo una de las creencias más arraigadas en nuestra cultura, y principalmente en los profesores, es que al repetir de curso se le brinda al estudiante una segunda oportunidad para que logre incorporar y nivelar las materias no asimiladas. Experiencia que siendo bien intencionada, genera finalmente el efecto contrario en quienes la vivencian”, asegura Arancibia.

La experta agrega que “un niño que vive la situación de repitencia no siempre logra comprender el proceso, por lo que se propicia mayor disrupción. Además, desde los mitos, se tiende a encasillar el fracaso de ese estudiante como flojera o simplemente falta de inteligencia”, precisa.

Desde la perspectiva familiar, la repetición de curso de un hijo se tiende a vivir como un fracaso. “Además, históricamente se tiende a desplazar la responsabilidad hacia los padres o apoderados, quienes ‘debieron estar a cargo del aprendizaje’. Tal situación, en la mayoría de los casos, es percibida externamente como falta de compromiso de esos padres hacia su hijo o hija, lo que se estereotipa como negligencia parental. Esta situación termina por alterar la dinámica de cualquier familia, lo que finalmente se vuelve nociva para el propio niño o niña”, plantea la docente.

Las principales consecuencias de la repitencia

Para la psicóloga Susana Arancibia, la repitencia escolar tiene importantes implicancias para el niño. “Dentro de las consecuencias que vive el niño por la repetición de curso, más allá de su propia percepción, es importante considerar que habitualmente pierde la red de amigos que tenía, generando una desadaptación dada por la necesaria incorporación a un nuevo curso que no es el suyo, donde probablemente será el más grande de la generación y en ocasiones connotado como el repitente”, señala.

Desde la perspectiva psicológica, la docente  indica que la mayoría de estos niños presenta síntomas tales como: disminución de la autoestima y autoconcepto; sentimiento de rechazo hacia el colegio; sentimiento de minusvalía frente a sus compañeros, nuevos y antiguos; asociación de aprendizaje con la sensación de angustia; falta de confianza en sus capacidades para superar los problemas y conflictos que se le presenten; actitud pesimista frente al colegio; desvalorización de los profesores; perdida de vínculos significativos; miedo al fracaso y sensación de incompetencia; expectativas negativas hacia el futuro; tristeza y rabia; y en casos más severos, alteración del sueño y apetito.

Por ello, la especialista plantea que frente a este escenario adverso los padres, apoderados y familia cercana, deben convertirse en un soporte que le permita al escolar reestructurarse de la mejor forma posible. “Es fundamental que los padres comprendan que su hijo no deseó tal escenario, que se siente herido y dolido. Así, los enojos, amenazas y auto recriminaciones entre adultos no estimularán su aprendizaje y menos su autoestima”, advierte.

Por el contrario, una vez vivida la experiencia, los adultos deben estimular a su hijo a superarla. “La mejor forma de lograrlo es a través del ejemplo y trabajo diario, donde toda o parte de la familia hace una alianza, en la cual se proteja la integridad del niño, se verifiquen las reales dificultades de aprendizaje, si es que existieran, y se connote positivamente la reprobación, entendiéndola como una oportunidad de real crecimiento”, comenta la experta.

En este contexto, se vuelve relevante lo que se plantea desde la psicología positiva. “Con la repitencia surge con fuerza el tema de la resiliencia, entendida esta como la capacidad del niño o niña para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado por ellas. Sin embargo, es poco probable que los niños aprendan y practiquen solos esta capacidad. Se requiere, por tanto, la ayuda de sus padres, resignificando el hecho, no desde el daño, sino de la esperanza y la posibilidad”, resalta.

La profesora indica que la práctica y aprendizaje de la resiliencia implica ciertas etapas básicas. “Para los padres, el objetivo final es transformar la repitencia escolar, connotada en un primer momento como desgracia y fracaso personal, en una gran oportunidad para el crecimiento y maduración de su hijo, experiencia de la cual todos como familia pueden salir fortalecidos”, asegura.

Por ello, la profesional aconseja:

1.- Entregar afecto y apoyo incondicional al niño, como base fundamental del éxito académico. Es muy importante la presencia de un adulto significativo dispuesto a escucharlo y apoyarlo. Si los niños perciben que sus padres y profesores no confían en sus capacidades, difícilmente podrá el propio niño salir de esta situación.

2.- Transmitirle expectativas realistas y elevadas en torno a su desempeño académico para que operen como motivadores eficaces, partiendo de la base que todo estudiante puede tener éxito.

3.- Propiciar durante las vacaciones, y luego en el año académico, espacios de participación significativos en la resolución de problemas, planificación, determinación de meta, en general, toma de decisiones. Lo importante es poder revertir cualquier pensamiento negativo hacia su persona. En este período es fundamental que los niños se auto perciban competentes, valiosos y dignos de ser admirados, recordando además que el ser humano tiene múltiples inteligencias y que en algunas de ellas destaca más que en otras. En otras palabras, se requiere develar las fortalezas y competencias que cada niño presenta, y desde ese punto darle seguridad primero como persona valiosa y luego como estudiante competente.

4.- Propiciar los vínculos entre los niños y sus compañeros, para que el mismo se sienta respetado y validado por sus amigos, más allá del rol escolar. Además, en la medida que todo estudiante genere una buen red de apoyo social y educativa con sus pares, tendrá mayor apoyo en el colegio y mejores expectativas respecto de su desempeño.

5.- Finalmente, a partir de este hecho puntual, enseñar “habilidades para la vida”tendientes al respeto, cooperación, resolución pacífica de conflictos, destrezas comunicativas y capacidad de tomar decisiones acertadas, entre otras.