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Contar o no una muerte

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Comunicarles a nuestros pequeños que un familiar o un amigo muy cercano ya no estarán presentes es un tema difícil, por lo mismo, hay padres que prefieren no hacerlos partícipe de las ceremonias que este hecho conlleva como las misas y funerales. Pero, ¿es eso lo mejor para ellos? Te lo contamos a continuación.

A pesar de los infinitos esfuerzos que hagan los padres por proteger a sus hijos, lo es cierto es que  existen ciertos acontecimientos de los cuales no se puede tener el control. Uno de ellos, y muy doloroso, es la muerte.

Como sabemos que esta experiencia es inherente a la vida, recurrimos a la psicóloga infanto/juvenil, magíster en psicología clínica y fundadora de la página www.terapiainfantil.cl, Varinia Sinorelli, para que oriente a las familias que estén viviendo una situación dolorosa. De esta manera, a pesar de la pena, los padres podrán tener la certeza de que están orientando de la mejor manera posible a sus pequeños, que a pesar de lo que puede creerse, son capaces de comprender absolutamente todo lo que está ocurriendo, especialmente si notan el sufrimiento de los papás.

¿Desde qué edad es aconsejable hablar de la muerte con los niños?

La muerte debería estar en nuestro discurso desde siempre. El ciclo de la vida se observa en pequeños detalles, como la naturaleza por ejemplo. Una buena idea es comentar con nuestros hijos, desde muy pequeños, que la naturaleza tiene ciclos. Se puede ejemplificar con las hojas, con orugas y mariposas, con bichitos y animales en general, así comienzan a tener conciencia pero de una forma lejana, que no les produzca dolor (aunque algunos serán capaces de empatizar y apenarse). Luego, es necesario ampliar el tema y que sepan que las personas también vivimos en ciclos: nacemos, crecemos, envejecemos y morimos.

¿Es bueno nombrarla sin que exista un motivo concreto, como la muerte de un familiar?

Será más fácil tanto para nosotros como adultos como para los niños el haberla nombrado con antelación, así no los toma de sorpresa, por ejemplo, la muerte de alguna mascota. Estas pérdidas les permitirán ir acercándose a un concepto que es bastante abstracto. Los niños al ser más concretos tienden a confundirse.

¿Cómo se debe tratar el tema en caso de muerte de un familiar muy cercano?

Se debe hablar siempre con la verdad, por más dolorosa que sea la situación. El evitarles un sufrimiento en su infancia hará que sea el doble de doloroso asumirlo con posterioridad, pues en familia la contención es mayor. Se puede llorar juntos, cerrar ciclos, recordar buenos momentos e ir avanzando. El ocultar la situación obligará a los padres a “actuar” frente a los niños, sin embargo ellos siempre lo perciben, llenándose de una angustia que no saben de dónde viene.

La recomendación es a poner en palabras la realidad del niño y a permitirnos manifestar nuestra pena cerca de él, así aprenderá que es normal.

¿Es apropiado que vivan presencialmente el proceso de las  misas y funerales?

Es importante que hagan un cierre. Es fuerte pensar en un niño participando de un funeral, pero más fuerte es pensar que lo priven de despedirse de alguien a quien ama.  Como padres debemos ponernos en el lugar de los menores y pensar qué habríamos querido que hicieran con nosotros. El hacerlos partícipes les brinda un lugar concreto en el que pueden expresar su cariño hacia esa persona que ya no está. Es darles un sitio al que pueden ir a dejarles dibujos y pensar en ellos.

¿A qué edad es necesario profundizar un poco más sobre la muerte?

Alrededor de los 6 años aparecerán dudas específicas si no lo hemos hablado antes. Puede aparecer el miedo a la muerte de los padres o a la propia. Éste es un temor esperable para la edad, el que sin duda es menor si el tema se ha tocado previamente.

¿De qué manera se puede contener esta angustia?

Muchas veces los niños se angustian porque no saben qué será de ellos si los papás mueren, qué será en lo concreto… entonces más que decirles “no me moriré” o tratar de consolarlo negando una situaciones que el niño sabe que puede ocurrir, lo mejor es decirle que lo más probable es que no nos moriremos pronto, porque nos preocupamos de nuestra salud, nos cuidamos, etc. Pero que si alguna vez pasara algo, quien se haría cargo de ellos es…. Y que nada cambiaría porque… Exponer francamente un plan familiar en caso de muerte es tranquilizador. Negar la muerte, que es la única certeza con la que nacemos los seres humanos, sólo incrementará la angustia de nuestros niños.

¿Cómo pueden los padres calmar la angustia que este hecho puede provocar?

Acompañando, manifestando en familia las emociones que el hecho genera, dándose permiso para vivir las etapas del duelo y compartir el dolor.

¿Es probable que el menor, luego de haber vivido la pérdida de un familiar experimente cambios?

Es normal que el niño o niña, frente a la tristeza de perder a un ser querido, experimente cambios. Éstos pueden ser mayor irritabilidad, cambios en los ritmos de sueños, alteración del apetito, rabia o que se ensimisme y se conecte poco con la pena. Todas estas manifestaciones son normales dentro del proceso, claro que si persisten por más de 1 mes se sugiere consultar a un especialista.

¿A qué síntomas debemos estar atentos y cuál sería la forma de proceder una vez transcurrido cierto tiempo desde el funeral, si el niño aún siente pena?

Es normal sentir pena, el tema es que no entorpezca en sus actividades diarias, es decir, si se pone triste al recordar es natural, pero si por estar triste no sale a recreo o no quiere jugar, tiene pesadillas o presenta descontrol del esfínter luego de 1 mes de la pérdida, entonces los padres deben -idealmente- consultar a un especialista.