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Cómo criticar a nuestros hijos

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Decirles a los niños que no están haciendo lo correcto puede ser muy difícil, pues como padres jamás buscaremos herirlos ni menos que sientan que coartamos sus acciones, pero hay conductas que son necesarias corregir y a continuación te orientaremos para que lo hagas de la mejor manera posible.

La psicología positiva es una estrategia muy recomendada para tratar los casos de conductas indeseadas en nuestros hijos. Utilizarla requiere que los padres estén muy alerta de las palabras empleadas en la corrección, pues la crítica propiamente tal es mucho menos eficiente de lo usualmente se cree.

Lo primero, es procurar corregir la conducta específica y evitar las generalizaciones. A modo de ejemplo, es muy distinto decir: “nunca ayudas a poner la mesa”, que “hoy no quisiste ayudar a poner la mesa”. En el segundo caso nos referimos a una acción particular y temporal, por ende, se deja abierta la posibilidad a un cambio, mientras que si generaliza, se disminuyen las probabilidades de  corregir dicha actitud.

En segundo lugar, se sugiere jamás criticar a tu hijo en forma personal, sino que enfocarse en la conducta a corregir, pues si al menor se le repite constantemente por ejemplo que es flojo, en vez de especificar que las conductas por las que opta son las que requieren menor esfuerzo, podría construir una imagen de sí mismo que va en desmedro de su autoestima. Los comportamientos son corregibles y se les puede dar solución.

Otro factor a considerar es no sólo enfocarse en el corregir comportamientos indeseados, sino que también es importante reforzar aquellos que sean positivos. En estos casos, al contrario de los comentados anteriormente, sí es necesario generalizar. Si a un niño le cuesta compartir y logra hacerlo con un compañero de jardín, se le puede decir: “Te felicito, eres muy generoso” (de manera general).

Para que este reconocimiento al logro sea efectivo, los padres deben seleccionar aquellos que realmente signifiquen un esfuerzo para el menor y no hacerlo ante cualquier acción esperable, pues en ese caso se le está dando una señal de que hagan lo que hagan serán reforzados, y perderá el impacto positivo que se busca conseguir.

La manera en que se dicen las cosas también es muy relevante, pues los niños son extremadamente perceptivos y el mensaje que nace desde la rabia es muy distinto a aquel que lo hace desde el amor. Por esto, se sugiere que si el adulto está muy enojado al momento de tener que corregir la acción, lo mejor es esperar hasta lograr estar en calma. También es fundamental evitar utilizar ironías o sarcasmos, pues hay que buscar el bien de los hijos y no la satisfacción personal.

Una manera de saber si vamos por buen camino es reemplazar la palabra corregir por educar, orientar o formar. Si se logra realizar comentarios que tengan esta finalidad al momento de estar siendo pronunciados, estaremos seguramente utilizando las palabras correctas y el modo adecuado.

Para que la corrección consiga  un mayor efecto en el cambio de conducta e interfiera lo menos posible en la autoestima del menor, se sugiere siempre realizarlas en privado, permitiendo que el menor se exprese y escuchando con mucha atención lo que nos está diciendo. Así será más fácil comprender que lo que se está juzgando es un acto específico y no su forma de ser.

Otro excelente ejercicio es fomentar un ambiente familiar que dé pie para la corrección como algo positivo y cotidiano, que vaya en pos de un mejor clima y ayude a formar a mejores personas, que actúen de manera correcta y respetando a quienes lo rodean.

Es muy importante que los padres -al momento de corregir- sean capaces de plantear nuevas maneras de realizar la acción que se está intentando erradicar, pues muchas veces los niños no conocen o no se les ocurre otra forma de hacerlo y ahí está la labor del adulto de guiar con amor y darle la oportunidad de cambiar, pues los menores son muy capaces de lograrlo de manera rápida y permanente.

Por último, no dejar pasar las malas conductas de nuestros hijos. Si bien en muchas ocasiones los padres se encuentran cansados, han trabajado todo el día y lo que menos quieren hacer al llegar a la casa es discutir, es importante la constancia. Tal como describimos en el artículo que trata el tema de los límites en esta edición, los hijos requieren que los adultos establezcan ciertas normas inquebrantables, pues éstas les dan confianza y seguridad.

Criticar v/s Corregir:

1.- “Mira tus notas, ¡te está yendo pésimo en matemáticas!” vs. “Te está yendo muy bien en el colegio, sólo me llama la atención matemáticas…pero no te preocupes que para la próxima prueba estudiaremos juntos, de seguro subirás el promedio”.

2.- “La mesa no se pone así, los tenedores van al lado izquierdo, no al derecho” vs. “Muchas gracias por ayudar a poner la mesa, te mostraré una técnica para no olvidar a qué lado va cada servicio, ¿te parece que la arreglemos juntos?”.

3.- “Jamás me acompañas al supermercado, eres muy flojo” vs. “Me encanta que me acompañes a hacer las compras, ¿irías conmigo hoy?”.