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Celos por la llegada de un hermanito, ¿cómo enfrentarlos?

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La llegada de un nuevo integrante a la familia es sinónimo de alegría e ilusión, pero también representa un importante desafío para los padres que ya tienen hijos, pues, en mayor o menor medida, deberán lidiar con los inevitables celos. Te contamos cómo abordar de mejor manera esta situación.  

Frases como “odio a mi hermanito”, “todo estaba bien hasta que llegó”, “la guagua no me gusta porque es muy llorona”, o “nunca tienes tiempo para mí”, comienzan a hacerse familiares tras el nacimiento de un nuevo hijo. A partir de ese acontecimiento se inicia un trance que de ser bien afrontado no debiera generar mayor problema, pues sentir celos a causa de la llegada de un nuevo integrante es una reacción absolutamente normal en los niños. En efecto, los celos de hermano mayor hacia el recién nacido son sentimientos comunes y esperables, pues representan una conducta adaptativa ante una situación de amenaza. Es necesario comprender que la incorporación de nuevo miembro al clan implica para los pequeños la aparición de otro ser que viene a competir directamente con el cariño y atención de los padres.

Pese a que en este escenario los celos son sensaciones completamente naturales, la forma de manifestarlos varía dependiendo, básicamente, de la edad del menor. De esta manera, tratándose de infantes de hasta cinco años, ellos suelen aumentar las conductas de hostilidad, de forma que tienden a hacer más pataletas y se tornan desobedientes e irritables. En esta etapa también pueden surgir las denominadas conductas regresivas, por ejemplo, los pequeños que ya habían logrado un buen control de esfínter, dormir y comer solos, empiezan a hacerse pipí, querer dormir con los padres, chuparse el dedo, hacerse la guagua, etc. Por su parte, los niños en edad escolar, de seis a 10 años, pueden evidenciar desde molestias físicas hasta trastornos siquiátricos propiamente tales. En ese sentido, Andrea Aguirre, siquiatra infanto-juvenil de Clínica Universidad de Los Andes, señala que “el cuerpo somatiza con mayor frecuencia en los menores, ya que no siempre tienen la capacidad de verbalizar lo que les sucede. Hay dolores de cabeza y abdominales, náuseas, vómitos y diarrea, entre otros. También se pueden ver afectados en lo social, se ponen más retraídos o más conflictivos, en el colegio puede haber baja en el rendimiento y en la conducta pueden estar más agresivos, peleadores”.

Para lidiar de buena forma con estas emociones, los expertos aconsejan permitir que los niños expresen libremente los sentimientos que le origina la presencia del bebé, procurando responder todas sus consultas de manera positiva, por ejemplo, cuando pregunte “¿cuándo devolvemos a la guagua?”, se sugiere recalcar que el recién nacido forma parte de la familia y que pronto crecerá y podrá jugar con él. Al respecto, la profesional propone “adelantarles con tiempo los cambios que sucederán, anticiparse a cómo se va sentir y estar atentos a sus conductas. Asimismo, es bueno incluirlos en las actividades con la guagua, que ayuden a los padres a cambiar los pañales, darle la comida, pasearlo, que se sienta parte de la dinámica. Si es la etapa de sacarle los pañales, quizás es mejor esperar un poco y hacerlo unos meses después, ya que dos cambios al mismo tiempo pueden provocar que aumenten sus conductas desadaptativas. Por último, es necesario consultar a un especialista si los desajustes son muy severos y los padres se sienten sobrepasados y se afecta mucho la vida familiar”.

Alivia sus celos

Existen algunas prácticas que permitirán que tu hijo mayor se sienta cobijado y acompañado en el complejo proceso de adaptación al recién nacido.

– Cuéntale que estás embarazada. Hazlo parte de esa maravillosa etapa, introduciéndolo de a poco en la noticia. Se aconseja dar a conocer la buena nueva después de las 14 semanas de embarazo.

– Pídele que colabore con la elección del nombre de la guagua y a decorar su pieza.

– Visita a alguna amiga que recién haya tenido a su hijo para explicarle que ese es el aspecto que tendrá su hermano al nacer.

– Invítalo a asumir un rol activo en el cuidado del bebé. Por ejemplo, pídele que te lleve el pañal, que te colabore con el baño y alimentación del recién nacido. No olvides darle las gracias por la ayuda.

– Permítele que mire, acaricie y bese a su hermanito tanto como quiera.

– Procura dedicarle todos los días un momento exclusivo para él, ya sea para conversar, ver fotografías o leer un cuento.

– Pese a la alta demanda que exige el nuevo integrante, intenta mantener su rutina: clases extra programáticas, colegio, horario de comida y sueño, etc. De esta forma le estarás demostrando que valoras sus intereses y que tiene su lugar en el núcleo familiar.

 

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