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Buscando jardín

2-3 años

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Encontrar un lugar donde dejar a tus hijos mientras trabajas puede convertirse en un dolor de cabeza tanto para padres como para madres. Para que  sepas en qué fijarte al momento de elegir uno, acá te dejamos algunos consejos que pueden ser útiles.

Los jardines y salas cuna tienen varias características que hay que considerar a la hora de seleccionarlos, por lo que debes conocer distintos lugares para compararlos.

Quiénes los cuidarán, cómo es la infraestructura, cuánta experiencia poseen las tías, qué capacidad tienen, además de otros factores también importantes como la cercanía a tu casa o trabajo, si imparte otro idioma o es reconocido por la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), dependiente del Ministerio de Educación, son aspectos muy valorados a la hora de escoger dónde dejarás a tu pequeño.

Uno de los factores más relevantes es el que te agraden las personas que estarán a cargo de tu hijo. Tan fundamental es su papel, que es un deber y un derecho saber cuál es su experiencia laboral y tener una entrevista con ellas para conocerlas. Asimismo, pide que te cuenten en qué consiste la rutina diaria, para así estar al tanto de todo lo que harán los niños durante la jornada.

Hay que recordar que tanto la sala cuna como el jardín son espacios educativos, donde el menor comienza a recibir diversas estimulaciones tanto a nivel emocional, social como cognitivas y motoras; finas y gruesas.

Los niños van cambiando los tipos de cuidados que requieren y su comportamiento variará a medida que crecen y experimentan nuevas sensaciones. Es por esto que algunos especialistas diferencian las distintas edades en las que los pequeños entran a un jardín y qué se espera de ellos durante el proceso de adaptación:

Ingreso entre los 6 meses y 2 años
A esta altura el menor estará más grande. Lo esperado es que manifieste lo que le alegra y lo que le molesta de manera más evidente. Ha adquirido mayores capacidades y un nivel más alto de conciencia del apego exclusivo y preferencial de sus padres.

La confianza alcanzada hasta el momento exigirá la presencia de sus cuidadores conocidos. Es por eso que es esperable que alrededor de los 8 meses, el pequeño llore frente a un extraño. Así, de un apego indefinido se pasa a una etapa más madura y normal de apego definido. Este periodo es el más sensible para la adaptación.

Ingreso entre 2 y 3 años
Aquí el pequeño debería haber logrado una confianza saludable en sus cuidadores y el mundo que lo rodea. Entonces pasará a su segunda etapa del desarrollo: buscar su autonomía y voluntad.

Es típico de esta edad el aumento del uso de la palabra ‘no’. Es normal y es señal de que va reafirmando su individualidad. Es también la etapa exploradora, por lo que requiere que quienes estén a su cargo sean muy atentos y pacientes por los peligros y la curiosidad.

A los 3 años vive una etapa donde incrementa su iniciativa para muchas cosas con un apego más generalizado. Ya tiene la madurez para poder discriminar distintos tipos de vínculos (aceptación-rechazo, agrado-desagrado, etc.) y está cada vez más interesado por lo que ocurre afuera.

Por eso, esta es la etapa ideal para ingresar al jardín infantil. Es un periodo donde el menor estará más sociable y su mente recibirá una gran cantidad de estimulación.

Ingreso desde los 4 años en adelante
Desde esta edad es necesario mandarlos al jardín. Es una preparación para su madurez social, condición imprescindible para el ingreso a primero básico, donde entrará en un sistema bastante menos acogedor y más estructurado.

También es importante saber que los jardines tienen distintos modelos educacionales, por eso según cómo sean tus hijos, puedes buscar uno que se adapte a sus capacidades o necesidades particulares.
– Bilingües: Aprender un nuevo idioma desde pequeño facilitará su técnica en el futuro.
– Culturales y deportivos: Enfocarse en los dotes artísticos y deportivos de los pequeños los predispondrá a un buen desarrollo de los mismos.
– Montessori: Este modelo educacional tiene como principio el respeto por las habilidades naturales del niño.