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Adoptar, la elección de hacer familia

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Ser padres suele llenar a las personas de alegría, pero también de muchas dudas. Y cuando se escoge la vía de la adopción para serlo, se suman otras cuestiones que no siempre son fáciles de abordar.

Ser papás es un sueño de muchos, pero por diferentes razones no siempre se logra en forma biológica. Durante las últimas décadas la opción de adoptar es cada vez más considerada por aquellas parejas que no pueden concebir. Según cifras entregadas por el Servicio Nacional de Menores (Sename) durante el 2014 se realizaron 590 enlaces o primeros encuentros entre padres y el niño a adoptar. Pero este no es el único organismo que se encarga de esta tarea. También hay fundaciones que se dedican a este tema como Chilena de la Adopción, San José y el Instituto Chileno de Colonias y Campamentos.

Sin embargo, adoptar no es algo que ocurra de un día para otro. Quienes han decidido esta forma de hacer familia recorren un largo camino antes de poder tener a su nuevo hijo en brazos.

Padres preparados

Tal como explica la sicóloga clínica infanto-juvenil, Andrea Cardemil Ricke, al optar por la adopción, los padres “se deben preparar de la misma forma en que se prepararían los biológicos. Deben querer ser papás, tener la madurez de asumir la responsabilidad de serlo (que no es lo mismo que el querer), estar bien como pareja y tener estabilidad económica (idealmente)”.

La profesional, autora además de los libros “Apego seguro” y “Separarse con niños pequeños”, agrega que “dependiendo del caso, puede ser necesario efectuar un proceso terapéutico o sanador. No es lo mismo adoptar porque no pudieron tener hijos, que hacerlo por opción. En el primer caso, puede ser importante trabajar el estrés que pudo haber generado los años de búsqueda, especialmente si hubo alguna(s) pérdida(s). En el segundo, es esencial que la familia completa esté de acuerdo”.

Una de las grandes interrogantes que deben enfrentar los futuros papás, es si revelarles o no a los pequeños que no son biológicos. En este sentido la especialista considera que es conveniente que los menores lo sepan. Desde que son pequeños se les debe transmitir la idea de que hay hijos que son de guatita y otros de corazón y decirle que ellos son ‘hijos de corazón’. En la misma línea, contarles que hay mamás que los tienen y otras que los eligen, por lo que ustedes son ‘mamás de corazón’”.

La sicóloga comenta que para apoyar esas explicaciones es recomendable apoyarse con cuentos que hablen del tema: “La biblioterapia es una poderosa herramienta terapéutica y educativa; ayuda a procesar y entender lo que les ocurre”. También propone hacer un álbum de cuando lo estaban esperando, el día que les dijeron que podían adoptar, de cuando llegó a sus vidas y de ahí sucesivamente.

Colegio y entorno familiar, por ser partícipes de la vida del niño, también tienen algo que decir en esta experiencia. Es por eso que Andrea cree que es importante que el establecimiento educacional “maneje la adopción de la misma manera que lo hacen los padres adoptivos. No se trata de exponer al menor y contarle al curso que es adoptado (porque esa es su decisión), pero sí tenerlo en cuenta si se piden fotos de la mamá embarazada, en la clínica, etc”. Asimismo, señala que “es importante que en esos lugares se transmita que existen distintos tipos de familias. Porque cuando esto no se trata bien, no solo los niños adoptados se pueden ver perjudicados, sino que también los hijos de papás separados o que han perdido alguno de sus padres”.

Crear un entorno amoroso y sincero donde el pequeño se sienta acogido y respetado es la mejor forma para que crezca sano y seguro.

Riesgos de no hablar

Tocar el tema de la adopción con los niños debiera ser algo natural y no enfrentarlo como un secreto o un tema tabú. La sicóloga infanto- juvenil Andrea Cardemil Ricke considera que lo más adecuado es conversarlo desde que son pequeños y explica que “cuando no se les cuenta la verdad y por alguna razón llegan a enterarse, se corre el riesgo de que sientan que fueron engañados y que toda su vida ha sido una mentira. Esto puede generar una crisis biográfica importante, como también problemas en la relación con los padres adoptivos y/o con el desarrollo de la identidad”.

La profesional estima también que “cuando no le cuentan que son adoptados, de alguna manera se le transmite al niño que es algo malo y que por eso se debe ocultar. Y lo que uno busca es justamente lo contrario, que pueda percibirlo como algo bueno y que el menor lo pueda integrar como un evento más en su vida”.

La historia de Marcela Solari

“Los primeros intentos para ser padres los iniciamos a los 4 o 5 años de casados, después de viajar y disfrutar mucho como pareja. En el año 2003, tras 11 años de matrimonio y de varios tratamientos fallidos de fertilización asistida –que fueron emocional, física y económicamente extenuantes– decidimos abrirnos a la adopción.

Cuando iniciamos los trámites en la Fundación San José estábamos plenamente convencidos. Desde el principio conversamos las dudas o temores que el tema nos planteaba, y nos pusimos de acuerdo en cómo abordarlo. En ese lugar asistimos a talleres, charlas, terapias sicológicas y muchas instancias en las que pudimos plantear y despejar nuestras dudas con los profesionales idóneos. Nada quedó sin decir o preguntar.

A Alejandra la adoptamos a los 9 meses y a Ignacio a los 2. Hoy tienen 10 y 7 años. A los niños les contamos desde que pudieron entender, que eran adoptados, así es que han crecido con ese tema asumido y para ellos es una condición tan natural como ser diabéticos o usar anteojos. Los sicólogos que los han evaluado en el colegio no notan que tengan algún problema con el tema y nosotros tampoco nos hemos sentido cuestionados o culpados por nuestra decisión. Yo, personalmente, rara vez recuerdo que son adoptados. Los amo porque son mis hijos, y no tengo en mente a cada momento de dónde vienen.

La familia y los amigos nos apoyaron en esta decisión. Lo hablamos con todos abiertamente y en el colegio y en el jardín infantil el tema se habló desde un principio con total franqueza. Es importante que los profesores lo sepan porque nuestros hijos lo saben, y cuando en las clases se abordan temas de familia, de paternidad, de cómo se conciben y nacen las guaguas es esencial que también los educadores se enteren, para que lo aborden del modo adecuado y no vayan, por ejemplo, a hablar mal de la adopción o hacer algún comentario despectivo.

Ni Alejandra ni Ignacio han manifestado, hasta ahora, interés en conocer a sus progenitores y ni siquiera han planteado el tema. Los dos saben que nacieron del vientre de otra señora que los entregó a la Fundación, donde esperaron que nosotros los fuéramos a buscar. Mi hija, por su edad, a veces pregunta si yo conocí a su mamá o cómo se llama. Igual tengo claro que más adelante puede tener ese interés y no lo descarto y nos capacitaron para abordarlo y saber cómo proceder. De cualquier modo, ellos solo pueden pedir la apertura del expediente de su adopción a un juez cuando cumplan 18 años.

Hasta ahora no puedo decir que la paternidad adoptiva presente algún problema o sea diferente a la biológica, y por ahora no pensamos en eso y la vivimos como cualquier papá y mamá”.