Inicio » 2-3 años » ¡Adiós, Tete!

¡Adiós, Tete!

2-3 años

Adiós tete

Tradicionalmente utilizado para tranquilizar y dar seguridad, el chupete es adorado por millones de bebés y niños pequeños gracias a su efecto analgésico. Si bien hay distintas posturas en torno a su uso, existe consenso en que debe dejarse a más tardar a los 3 años de edad. A continuación, te explicamos por qué y cómo hacerlo, para que sea una experiencia lo menos traumática posible para tu hijo.

Por: Catalina Ábalos L.

¿A cuántas mamás nos ha pasado salir corriendo por la puerta de la casa, realizar un chequeo mental de lo que llevamos en el bolso de nuestros niños y, al darnos cuenta de que se nos quedó el famoso “tete” devolvernos, aún cuando vayamos atrasadas? De seguro la respuesta es ¡a casi todas! No por nada los países de habla inglesa lo llaman ‘pacifier’ (pacificador).

De látex, goma o silicona, actualmente son pocos los menores que no ocupen o no hayan utilizado chupete.

El doctor Marcel Deglin, pediatra de Clínica Ciudad del Mar, señala que “es importante que una guagua comience a usar el chupete a partir del mes de vida, ya que aprenderá a diferenciar entre la succión del pecho materno v/s la mamadera, favoreciendo la lactancia y el apego madre e hijo”.

De ahí en adelante, el especialista avala el empleo de este objeto, ya que reduce la incidencia del Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL), tal como afirma la Asociación Americana de Pediatría y diversos estudios. Ello porque ayuda a las guaguas a tener una buena posición al dormir -no boca abajo-; despiertan más fácilmente cuando se les cae el chupete, obligándolas a continuar respirando; y, además, mantiene libre la vía aérea.

Asimismo, el médico sostiene que “los efectos perjudiciales que ejerce sobre la correcta alineación de los dientes son pasajeros, siempre y cuando se suspenda antes de los 3 años. Es un analgésico muy eficaz en procesos dolorosos, como la salida de los primeros dientes”.

La cirujana dentista y directora de la Clínica Ortodontik, Tamara de Mayo, explica la razón: “Los dientes que están saliendo presionan las encías, lo que molesta a los bebés. Por lo tanto, morder objetos de plástico o de goma como el chupete los alivia”.

Pese a lo dicho anteriormente, los efectos negativos de su uso prolongado pueden ocasionar cambios importantes en la fisonomía del niño, asevera el doctor Deglin.

“Si el empleo del chupete se limita hasta los 3 años, no hay efectos colaterales sobre su dentición. En cambio, cuando sobrepasan esta edad, hace que los dientes centrales inferiores se desvíen paulatinamente hacia dentro, mientras que los que están en el mismo plano, pero en el maxilar superior, tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera, en lo que llamamos ‘dientes de conejo’”, precisa.

El pediatra agrega además que, con el tiempo, los caninos (colmillos) chocan entre sí, y ambas filas de dientes no cierran correctamente, traduciéndose en una mordida abierta. Ello debido a que la succión pone en funcionamiento una serie de músculos faciales que, junto con la posición de la lengua, provocan que las líneas superiores e inferiores pierdan su paralelismo (mordida cruzada).

La directora de Clínica Ortodontik advierte que “este caso solo se puede solucionar con un tratamiento de ortodoncia, puesto que los desplazamientos dentales no son reversibles por sí solos”.

Pero ¿por qué a los 3 años? La dentista explica que “después de esa edad, los chicos tienen más fuerza en los músculos de la lengua y boca, por lo que los efectos del chupete son de mayor intensidad. En la medida que el niño crece, sus huesos se desarrollan en una dirección. Al mantener el chupete pasado este tiempo, puede haber cambios permanentes en la forma de los huesos”.

La profesional también advierte el efecto “paladar ojival”, el cual se vuelve más estrecho de lo común y abovedado en el centro. En paladares normales, la lengua está en contacto permanente con él, presionándolo. Si por algún motivo este roce no se produce, el paladar se desarrolla anormalmente.

Y no solo eso, sino que estos menores pueden presentar más caries por el cambio de posición en los dientes, así como por variaciones en la flora bucal.

El factor emocional

Uno de los reflejos más primitivos es el de succión, pues ayuda a los bebés a alimentarse, y más tarde es una de las formas más eficaces para calmarlos. El chupete se vuelve un hábito que contribuye a que el menor se sienta seguro, permitiéndole alcanzar la autonomía, que es parte de la trayectoria de su desarrollo entre los 18 meses y los 3 años.

De acuerdo con lo expuesto por el doctor Marcel Deglin, esta última es la edad ideal para retirarlo: “En este proceso, lo primero es ir acostumbrando al niño a usar el chupete solo cuando se vaya a la cama o en situación de mucha tensión emocional”, precisa.

Si bien aún no hay claridad respecto del mejor método para lograr que los menores dejen este objeto —retirada brusca o paulatina—, es aconsejable que los padres permanezcan más activos en esos días para tranquilizar al pequeño y que este no reclame su chupete.

En una nota de la organización española Edúkame.com, su directora y especialista en educación infantil, Cristina García, propone tres fases para dejarlo:

Fase de preparación 

El objetivo de esta etapa es ir alistando al niño para lo que tiene que venir: dejar de usar el chupete. No debemos apurarlo, lo ideal es tomarse como mínimo un mes.

Lo primero es decirle que pronto llegará la hora de no usar más “tete”, y los motivos por los que debe hacerlo. Podemos explicárselo con argumentos como: “Es por tu salud, para que tus dientes no se deformen y crezcan sanos. Ya eres mayor y los chupetes solo los usan los niños pequeños y los bebés”.

Durante esta fase ayuda leer cuentos sobre el tema, así como ponerle ejemplos de otros niños que han dejado de ocupar chupete porque son mayores (“tu primo Marcos ya no usa chupete porque es grande”). También poner a tu propio hijo como ejemplo ante los abuelos o amigos, con frases como “¿Saben que luego dejará de usar chupete porque ya es mayor?”.

Es importante que destaques, sobre todo,  lo que sí sabe hacer porque ha crecido. Por ejemplo: “Ya sabes tirarte solo del resbalín, ¡qué bien!” o “¡Qué torres de Lego más altas haces!”. De este modo, estarás reforzando su autoestima al destacar sus logros por ser mayor.

Fase de despedida 

Aquí acompañas y ayudas a tu hijo a decir adiós de manera definitiva al chupete. Puede ser dándoselo al Viejito Pascuero, metiéndolo en un sobre y tirándolo en un buzón de correos o simplemente botándolo a la basura.

En esta etapa, es fundamental que le digas lo orgullosa que te sientes de él, resaltes lo grande que está y lo mucho que se sabe cuidar porque ahora el chupete no dañará sus dientes, destacando su gran logro ante todos.

Fase de consuelo 

Tras la despedida, el menor suele sentirse victorioso y satisfecho porque sus papás están contentos con él, felicitándolo. Pero tras la euforia del primer momento o incluso en los días posteriores, se producirán situaciones de inseguridad e incluso de angustia para el niño (y también para los padres).

El “tete” era su aliado para calmarse, entretenerse, consolarse, y ahora no lo tiene. Esto genera en él una ansiedad que debemos saber atender. Para el pequeño lo más difícil no ha sido tirar el chupete, sino el vacío en el que después se encuentra. Es entonces cuando se pregunta: “Y ahora ¿cómo me calmo en momentos de miedo, de enojo, de cansancio?” o bien “¿Cómo me relajo cuando estoy solito en mi cama?”.

En este momento el niño necesita tu ayuda para cubrir esa necesidad emocional que hasta ahora el chupete se encargaba de cubrir. Ahora requiere de más cariño y paciencia, pues puede que se enoje con más facilidad o le cueste dormirse.

Un muñeco de tacto suave y agradable que pueda abrazar, puede ser una buena alternativa emocional para cuando necesite relajarse para conciliar el sueño o consolarse.

TIPS PARA PADRES:

*No se debe recurrir a castigos, sea la interrupción brusca o paulatina.

*Untar el chupete con sustancias de sabores desagradables, como vinagre, pimienta o limón, entre otros.

*Inventar una historia en la que algún personaje de ficción sea capaz de dejar el chupete y a cambio darle un regalo, sin caer en complacencias.

*Dar pequeños cortes al chupete para que la sensación de tenerlo en la boca no sea placentera y así disuadir a los niños.

*Acudir al pediatra para que lo ayude a entender por qué debe dejar el chupete.

*Ser firmes en la decisión. Una vez que el menor abandona el chupete se acordará de él y volverá a pedirlo, pero hay que dejar que pase el “síndrome de abstinencia”.

Fuente: Doctor Marcel Deglin, pediatra de Clínica Ciudad del Mar.