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¡Abuelos al mando!

2-3 años

Conocen tanto a Masha y el oso, la cerdita Peppa, el perro cachalonero y Pocoyó, como sus nietos. Saben de primeros pololos, pañales, buenos modales y mejores amigos. Consienten con regaloneos y dulces y son el segundo nombre que recuerdan los niños después de aprender sus primeras palabras. Las siguientes líneas serán para los abuelos: el tata, la güeli, el nono y la tita.

El despertador de Trinidad del Puente tiene voz de niña en la semana y suena, como siempre, a las 07:00 AM. La alarma del celular fue sustituida por el llanto de Julieta, quien le anuncia todos los días que es momento de empezar la jornada. La pequeña de ojos celestes y apenas unos cuantos rizos ondulados tiene 1 año y 2 meses y vive momentáneamente con ella y León, su marido, pues su hija Soledad –madre de la pequeña– está cursando un Máster en la capital.

Trinidad y León son de Viña del Mar y forman parte del 41% de los abuelos chilenos que están a cargo del cuidado de sus nietos. Es una realidad muy frecuente y se espera que lo sea cada vez más. La Organización Mundial de la Salud indica que en nuestro país, la esperanza de vida es la más alta d Latinoamérica y la segunda del continente después de Canadá. A su vez, en este escenario de larga vida a la generación de abuelos, el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) cuantifica que un 20% de ellos está a cargo del cuidado de sus nietos y la manifestación de su alegría y felicidad por la relación que mantienen con ellos alcanza el 66%.

Hoy en día la figura del abuelo está presente con más frecuencia y durabilidad que antes y, al mismo tiempo, su vida suele ser más activa, sobre todo en lo social, lo que los predispone para estar más preparados y dispuestos. En este marco, ¿qué rol cumplen los tatas en la vida de los pequeños?

Esto depende de cada caso, sin embargo, generalmente esta figura es definida como de apego secundario, lo que implica que viene justo después de padre y madre. Por lo tanto, su participación es muy significativa tanto para los niños, como para los padres; la red familiar es fundamental en la construcción de la personalidad y desarrollo del menor, sobre todo porque afianza su seguridad y carácter. Los abuelos se encargan de mostrarle al nieto que no está solo, que tiene toda una familia para protegerlo y cuidarlo y que puede contar con ellos si necesita contención, consejos, cariño y confianza.

Con el tiempo se ha intentado tipificar las clases de abuelo, para desde un punto de vista terapéutico o psicológico brindar apoyo a las parejas que se enfrentan a la paternidad por primera vez y requieren de la colaboración de sus padres. Los hay democráticos, autoritarios, seguros e inseguros, entre otros.

Trinidad y León son abuelos de cuidado completo y democrático. Comparten la figura primaria de crianza de Julieta con sus padres. Ellos pasan con la niña 5 días completos a la semana, mientras el papá y la mamá trabajan y estudian en Santiago. En este caso, el psicólogo Andrés Aldunate explica que los tatas comparten el cuidado de los niños con los padres, provocando que espontáneamente Julieta responda con el mismo cariño y apego tanto a Trinidad como a Soledad. “En particular, la abuela asume un rol de crianza más que de apoyo. Como los papás trabajan todo el día, es más bien un rol de cuidador primario. No hay incidencia distal con la crianza, sino que es bastante cercano y, por lo tanto, la abuela se transforma en una figura tan o más importante que su mamá”, explica el psicólogo, quien además afirma que en estos casos se desmitifica el hecho de que calidad es mejor que cantidad, pues los menores naturalmente responden a quienes ven más.

Esto no es un problema de por sí. Por ejemplo, esta familia lo llevan muy bien, no obstante, Andrés sostiene que en los casos en que esto es un inconveniente, es porque no hay un proceso de comunicación entre adultos primero. “El problema no es que los niños sientan más afinidad o naturalidad con los abuelos, sino el golpe al ego de los papás. El menor genera vínculos con la persona que más ve y eso es espontáneo, no se ciñe a los parámetros sanguíneos”, afirma el profesional, aludiendo también a la importancia de entender que no es negativo que la crianza, en nuestros días, sea compartida.

Roles distintos

Esta es una particularidad en el proceso de desarrollo y crecimiento, uno asume que los padres debiesen ser los responsables primarios de la crianza, pero lo más conveniente y favorable es que ese cuidado sea compartido entre abuelos, padres, salas cuna u otros. “Es simplemente un cambio de lógica, los padres no deben sentirse culpables de seguir viviendo sus vidas después de un post natal, ellos deben aceptar que el cuidado de ese niño no es exclusivo y que lo mejor es gestar una conversación para que el trabajo conjunto prolifere”, asegura el experto.

Es el caso de Luz Marina Valenzuela, tiene 2 nietos, vive en Paine y viaja todas las mañanas a Santiago a cuidar a uno de ellos, pues su hija y el marido trabajan en jornada completa. “Yo lo hago feliz y dichosa, me encanta ver cómo mis nietos crecen. Nunca he tenido problemas con mi hija en las formas de cuidado porque somos parecidas y, en lo que no, ella me ha hablado. La Emilita sabe perfectamente quiénes son sus papás y quién es la abuelita que llega a cuidarla todas las mañanas”.

Si esta es la manera en que funcionan, no hay más que fortalezas en el crecimiento del menor. En el caso de Luz Marina, tanto ella como su hija cumplen la función de celebrar logros y aprendizajes, transmitir valores e historias familiares, acompañar a controles médicos, enseñar, sugerir o aconsejar a Emilia. La pequeña tiene, en este caso, cuatro personas a cargo de su cuidado, todas ellas dispuestas a saltar en caso de que algo surja, lo que favorece su etapa formativa y de desarrollo.

Abuelos activos e independientes

Leda Redenz es una abuela independiente. Tiene 2 nietas a las que ve cada 2 semanas y con las que habla siempre por teléfono. “Son mi vida y voy a verlas cada vez que me invitan. Si mi hija me pide que las cuide lo hago feliz, sobre todo para ser soporte cuando quieran salir como pareja, o bien, por ejemplo cuando estuvo rehabilitándose de una operación hace poco”, cuenta haciendo hincapié también en que esta situación le acomoda mucho, sobre todo, porque tiene una vida muy activa luego de jubilarse. “Me da mucha satisfacción despertar y poder disfrutar de mi vida ahora. Tengo muchas amigas y desde que jubilé por lo menos hago dos viajes en el año”, agrega, poniendo énfasis en la forma que ha encontrado de equilibrar la ayuda a sus hijos con la disponibilidad de tiempos para disfrutar de sus días. “Estoy aquí para lo que me necesite, pero no es eso lo que me hace sentir viva, ni dependo de

mis nietas o mi hija para poder hacer algo útil”. Muchas veces este es un punto importante. Los abuelos generalmente se prestan para estas labores, porque es la manera más cercana de validar sus capacidades. Por ello, gran porcentaje de la población de la tercera edad se muestra totalmente disponible para cuidar a sus nietos.

Esto no quiere decir que deba ser más que un supuesto. La actividad y vitalidad de un abuelo debe ser respetada por los hijos en todas las circunstancias y cuando esto no ocurre, se produce otro problema que deriva del cuidado: muchos padres delegan la responsabilidad de sus hijos a sus padres sin consultarles, asumiéndolo como un deber. “Es una situación incómoda, sobre todo para los abuelos, que

suelen asociar ciertas culpas a decir lo que piensan. Estos casos implican que hay una muy mala comunicación desde antes y la solución es una. Abrir una conversación transparente y sincera, lo más cuidadosamente posible, evitando herir susceptibilidades, y poner las expectativas sobre la mesa para que se produzcan acuerdos”, aconseja el psicólogo. En este sentido es bueno que cada familia y cada abuelo decidan qué tipo de cuidado quieren tener para sus hijos, qué es lo que quieren ofrecer y qué pueden realmente otorgar.

Abuelos jóvenes

Sol Ortiz fue abuelita muy joven. Su hija Camila tuvo a Sofía a los 20 años y su rol en la formación y cuidado de su nieta fue trascendental. Sin quererlo y, por la edad de Camila, ella y su hijo mayor José Tomás fueron el principal soporte que tuvo la joven para iniciar sus primeros pasos en la maternidad. En estos casos, el psicólogo explica que lo más relevante para evitar el estrés, la confusión y el miedo por parte de la madre, es asumir que la paternidad no es exclusiva y eso quiere decir, que debe aceptar toda la ayuda que le brinden y apoyarse en ella. Esta colaboración

debe estar basada en la idea de que un cuidado compartido efectivo debe ser muy dialogado e, incluso, negociado. “He seguido sus consejos. Era chica y a veces me dijo lo que tenía que hacer, pero nunca me ha desautorizado delante de Sofía, me respeta mucho y ha sido trascendental junto a José Tomás en todo el crecimiento de mi hija”, explica Camila, hija de Sol satisfecha de la tarea que han hecho como familia.

En general, para caracteres más impositivos, no es conveniente que la abuela imponga su parecer por sobre el de la madre. “Para el niño no es bueno porque las diferencias de opinión a él llegan como instrucciones distintas que le confunden”, concluye Andrés Aldunate.