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Bullying escolar, un mal silencioso

Archivado en Sin categoría Publicado el 11/07/2018 | Comentarios


Hoy en día cada vez es más común escuchar del maltrato que sufren algunos niños de manos de sus compañeros del colegio. Lamentablemente este es un mal que va en aumento. Aprende a reconocer si tu hijo es víctima de esto o si es uno de los agresores.

“La violencia escolar o matonaje es una conducta que se ha detectado en Occidente con cierta regularidad desde mediados del siglo XX. Sin embargo, su dimensión aún es meridianamente desconocida, esto en gran parte porque los acosados silencian sus experiencias y es imposible saber con exactitud cuántos niños y adolescentes han padecido o padecen violencia sistemática por parte de un compañero. Lo que sí es posible afirmar, dados los estudios a nivel mundial, es que casi la mitad de los escolares en todo el mundo han participado de una situación de bullying”, señala Susana Arancibia, sicóloga y docente del Magíster en resolución de conflictos y mediación sociofamiliar y del Magíster en familia, infancia y adolescencia de la Universidad del Pacífico.

Se trata de un maltrato deliberado y continuado que recibe un niño por parte de otro u otros (de similares características), que se comportan con él cruelmente con el objetivo de someterlo y asustarlo, para así obtener algún resultado favorable o simplemente para satisfacer su necesidad de agredir.

En Chile, según el primer informe de bullying presentado por la Superintendencia de Educación, es en 3º básico donde se realizan más denuncias por violencia. Sin embargo, esto se extiende hasta los 14 años. De esta manera, este maltrato puede presentarse en diversas formas, “puede ser físico (empujones, patadas), verbal (insultos, resaltar condiciones físicas desfavorables), sicológico (acciones encaminadas a minar la autoestima de la víctima como amenazas o agravios públicos) o social (pretender aislar al individuo del resto). Estos tipos de violencia escolar pueden combinarse y darse en mayor o menor medida en un caso concreto”, afirma la sicóloga.

Factores de riesgo

Susana Arancibia indica que no hay una única causa para la conducta de bullying; sino que hay diversos componentes que facilitan la aparición de dichos comportamientos. “Por eso, cuando se desea intervenir, se debe trabajar sobre distintas instancias influyentes: el propio alumno víctima, los espectadores, los encargados del colegio y la familia, entre otros”, precisa.

Pero, ¿qué caracteriza a los niños que sufren de bullying? La experta sostiene que habitualmente son percibidos como víctimas sin necesidad de serlo aún, pero sus compañeros los reconocen como posibles candidatos a ello. “Son más apagados o débiles. En ocasiones los agresores explotan y magnifican los rasgos físicos visibles para aumentar sus agresiones, como el usar lentes, obesidad, dificultades físicas, color de piel, pelo, diferencias de género, culturas, religiones, etc.”, detalla. Así, algunos factores que podrían predisponer a un niño a sufrir de maltrato son:

Plano sicológico: las víctimas son consideradas como inseguras y con baja autoestima. Su estrategia para enfrentar las agresiones opera desde la incapacidad de manera negativa y desvitalizada: “no puedo hacer nada para defenderme, no sé cómo se hace, soy un tonto”. En general, son alumnos con un escaso autocontrol personal sobre sus reacciones emocionales y en ocasiones ellos también se pueden comportar como agresores en momentos puntuales.

Familia: sus padres son marcadamente sobreprotectores, lo que facilita la formación de un apego simbiótico que les impide defenderse por sí mismos.

Ámbito social: son niños mucho menos sociables. Pasan más tiempo en la casa y son de escaso éxito social.

Factores socioculturales: “la divulgación de violencia y de resolución de conflictos a través de medios violentos, unido a la ausencia de valores como la comunicación efectiva, la sinceridad, el respeto a lo diferente y la empatía, suponen otra instancia propicia para que las agresiones persistan en el tiempo”, puntualiza la sicóloga.

¿Cómo saber si tu hijo es víctima de bullying?

Muchas veces los padres y profesores de quienes sufren de este acoso son los últimos en enterarse de que el menor está siendo molestado por sus compañeros. Por lo general, esto se debe a la vergüenza y al miedo de lo que lo vuelvan a hacer.

“Algunas de las manifestaciones más comunes de la existencia de bullying en los escolares es que pueden presentar dificultades para dormir, dolor abdominal, agresividad, conductas regresivas, rebelión, etc. En los preadolescentes y adolescentes estos signos se agudizan, con la dificultad adicional para los padres de poder determinar si la conducta observada es parte de los cambios propios de la etapa que viven o una alteración mayor”, afirma Susana Arancibia.

Para que sea más fácil detectar si tu hijo se encuentra frente a esta situación, aquí te dejamos algunos puntos que te ayudarán a descifrarlo:

· Conductas agresivas y autoagresivas en la casa y/o hacia los compañeros.

· Trastornos de alimentación.

· Conductas de riesgo y/o autodestructivas.

· Heridas o moretones importantes en el cuerpo del menor.

· Si comenta que le roban o esconden sus cosas.

· Si evita salir solo del colegio y deja de realizar actividades que antes disfrutaba para encerrarse en su casa.

· Cambios en el comportamiento del niño.

· Tristeza, llantos o irritabilidad.

· Pesadillas y cambios en el sueño.

· Dolores somáticos, dolores de cabeza, de estómago, vómitos, etc.

· Se niega o protesta a la hora de ir al colegio.

Consecuencias para los niños

El bullying o acoso escolar no es algo que deba tomarse a la ligera. Las heridas que acarrea una víctima son, en su mayoría, sicológicas y pueden tardar muchos años en curarse. Por esta razón, es esencial estar al tanto de la vida escolar de los menores, mantener con ellos una comunicación cercana y de confianza, y saber descifrar cualquier señal que pueda ser indicio de maltrato.

Dentro de las consecuencias que se pueden encontrar están:

Baja autoestima. Los menores pasan a tener una imagen dañada de sí mismos.

Pasividad. Parece no importarles nada ni nadie.

Trastornos emocionales. Los niños acosados suelen presentar cambios de estado de ánimo constantes, así como pesadillas y terrores nocturnos.

Fracaso escolar. Las víctimas pierden el interés por los estudios y no quieren ir al colegio.

Fobias. Los menores adquieren miedos a todo, a salir de casa, a ir a cumpleaños, a dormir solo, etc.

Depresión. Ellos se sienten tan mal que se alejan de los demás y pasan a no creer en nadie.

Medidas de prevención

1. No le pidas a tu hijo que resuelva solo el problema y mucho menos con violencia. Fomenta valores como responsabilidad y solidaridad.

2. Evita que en casa haya gritos, golpes o insultos, recuerda que los niños son un reflejo de lo que viven en su hogar.

3. Enseña a tus hijos a controlar sus emociones e impulsos.

4. Determina límites en su conducta.

5. Relaciónate y conoce a los amigos de tus hijos.

6. Enséñale a reconocer sus errores y a pedir disculpas si es necesario. Si comprobaste que tu hijo es un acosador, no lo ignores y busca la forma de ayudarlo.

7. Cuando se detecta un caso de bullying, los padres del niño deben trabajar en conjunto con el colegio para resolver el problema de una manera inmediata.

8. Habla con los profesores, pídeles ayuda y escucha todas las críticas y observaciones que te den sobre tu hijo.

9. Nunca dejes de demostrarle a tu hijo que lo quieres, pero también hazle saber que no permitirás esas conductas agresivas e intimidatorias.

10. Si efectivamente comprobaste que lo están acosando, mantén la calma y no demuestres preocupación, el niño tiene que ver en tu rostro determinación y positivismo.

Características de agresores

Situación social negativa, siendo incluso rechazados por una parte importante de sus compañeros, aunque están menos aislados que las víctimas y tienen algunos amigos que les siguen en su conducta violenta.

Tendencia a la violencia y al abuso de fuerza. Son impulsivos, con escasas habilidades sociales, baja tolerancia a la frustración, dificultad para cumplir normas, relaciones negativas con los adultos y bajo rendimiento.

Carecen de capacidad de autocrítica, lo que se traduce en una autoestima media o incluso alta.

Ausencia de una relación afectiva cálida y segura por parte de los padres, sobre todo de la madre.

Existe una diferencia entre agresores activos, que son lo que inician y dirigen la agresión; y los pasivos, que son los que les siguen y animan.