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Depresión infantil | Cómo identificarla

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No es sencillo determinar cuándo un menor se ve afectado por esta enfermedad, por eso, estar atentos a su disposición anímica y conductas cotidianas es fundamental a la hora de adoptar oportunamente el tratamiento adecuado para su recuperación.

Tanto por razones sociales como teóricas, la depresión infantil comenzó a ser reconocida como tal hace solo dos décadas, y aunque mucho se ha avanzado en su investigación, diagnóstico y tratamiento, en nuestro país apenas existen cifras que permitan saber con absoluta certeza el número de menores afectados por esta enfermedad. Con todo, se estima que la prevalencia de la depresión en niños es similar a la de la de los adultos. En ese sentido, la Organización Mundial de la Salud ha señalado que a nivel global un 3% de la población infantil sufre de este mal, porcentaje alarmante que nos invita a indagar un poco más acerca de esta realidad.

Al igual que en el caso de los adultos, esta patología es una situación afectiva de tristeza, un desorden mental que se caracteriza por la alteración del estado de ánimo. De acuerdo con lo dicho por Sandra Delgado, sicóloga de Clínica Indisa, esta enfermedad puede afectar a los pequeños desde los primeros meses de vida, condición que puede interferir considerablemente en el desarrollo del infante. “Este mal puede presentarse en distintos grados que van de leves, moderados a graves, siendo en este último donde pueden llegar a evidenciarse intentos de suicidio en niños -de todas las edades- y adolescentes”, sostiene la profesional.

En cuanto a las primeras manifestaciones, la depresión infantil puede aparecer de manera abrupta o de forma paulatina a través del tiempo, ello dependerá del contexto en el que el menor se desenvuelva y, fundamentalmente, de los hechos que desencadenen el episodio depresivo. Respecto a la sintomatología, Delgado señala que “un niño con depresión puede presentar diversos síntomas entre los que se encuentran desánimo, irritabilidad, llanto fácil, cambios de humor, aparecen pataletas que antes no existían o se exacerban las que ya hay, se incrementa o disminuye considerablemente la inquietud sicomotora, surgen dolores somáticos (cabeza o abdomen) y puede verse afectada la calidad del sueño”.

Afortunadamente, si es debidamente tratada esta patología tiene un buen pronóstico. El tratamiento que prescriba el profesional dependerá del grado en que se encuentre la enfermedad, así, en cuadros leves a moderados se sugiere el apoyo de sicoterapia, en tanto que en episodios más severos requieren de interconsulta con siquiatría infantil. “La duración del tratamiento será variable y va a depender del grado del cuadro, del entorno social del niño (factores protectores o de vulnerabilidad) y la edad. Entre más temprano se detecte el problema, más probabilidad hay que el proceso sea más corto y efectivo a largo plazo; siempre y cuando se inicie y termine el tratamiento indicado”, concluye Sandra Delgado.

Ojo con los síntomas

De acuerdo con la CIE-10 (Clasificación internacional de enfermedades, OMS), para poder estimar que un menor padece de depresión, es necesario que reúna al menos dos de los siguientes signos por un periodo superior a dos semanas continuas:

1. Sentimientos de tristeza. Estos pueden exteriorizarse a través de un estado de ánimo decaído, carácter irritable o conductas agresivas.

2. Anhedonia o pérdida de interés hacia el entorno. El menor puede evidenciar una incapacidad para disfrutar de los juegos o actividades que normalmente eran placenteras.

3. Falta de energía. El niño se ve desanimado, no juega, no habla o se niega a asistir al jardín/colegio.

4. Pérdida de autoconfianza. La autoestima del pequeño se ve disminuida, lo que puede percibirse en frases que reflejan sentimientos de inferioridad, auto-desvalorización o sentimientos de culpa excesivos.

5. Pensamientos y actos suicidas o de autoagresión, por ejemplo: arañarse.

6. Incapacidad para concentrarse o tomar decisiones. En niños de edad preescolar se observa una disminución en el rendimiento académico y/o problemas de conducta.

7. Alteraciones en el sueño.

8. Variaciones en el peso. Aumento o disminución notorios, por ejemplo: un cambio de más del 5% del peso corporal en 1 mes.