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Aprender a caminar, acompañándolo en sus primeros pasos

6-12 meses

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Todo padre estalla de emoción al ver a su pequeño hijo erguirse y avanzar por sí mismo, ello marca el inicio de una nueva y emocionante etapa de la infancia. Sin embargo, es necesario tomar ciertas precauciones a la hora de acompañarlo en sus primeros pasos.

Tan pronto como el bebé es capaz de pararse sin el apoyo de sus padres, comienza una fase en la que tanto la autonomía e independencia como el desarrollo físico y sicológico se van fortaleciendo día a día. Ahora tu hijo empezará a explorar su entorno acercándose a los objetos que le son atractivos, con ello también se incrementará la preocupación por evitar que acceda a elementos inapropiados. Es sin duda una etapa compleja, pero increíblemente hermosa y divertida.

Si bien es cierto que el desarrollo de los menores varía caso a caso, en promedio el niño debería empezar a ponerse de pie entre los 8 y 10 meses, si en el mes 18 el menor no manifiesta intención de caminar, es necesario acudir a la consulta del pediatra. En este sentido, pese a que es cierto que el gateo es la fase previa a caminar, hay infantes que saltan esta etapa y pasan directamente a la caminata.

Los primeros movimientos del menor serán inestables y las caídas, constantes. El bebé buscará levantarse con el apoyo de todo lo que encuentra en su camino: sillas, camas e -incluso- las paredes. Es recomendable que el pequeño busque de forma espontánea sus propios sitios de apoyo, “no se aconseja el uso de andadores. No cumple una función de aprendizaje de la marcha, al contrario, son muchas las desventajas que acarrea su empleo. El niño, al estar semisentado en él, no ejercita el equilibrio. Además, es muy preocupante la alta tasa de accidentes provocados por su uso. Son numerosas las caídas desde escaleras, vuelcos, quemadura, golpes, etc. Causadas por el hecho de que los andadores les brindan tal grado de movilidad a los menores, que les permite acercarse a objetos o situaciones que pueden ser peligrosas. En resumen, hoy por hoy, ni el pediatra, ni el ortopedista lo recomiendan”, señala el Dr. Eugenio Saavedra, pediatra de Clínica INDISA.

Una vez que el bebé logra pararse por sí solo y mantener el equilibrio, está listo para caminar de forma autónoma. No es aconsejable forzarlo a hacerlo, pues ello incrementará la sensación de inseguridad. Aprender a caminar es un proceso complejo que, como tal, requiere de tiempo, mucha paciencia y dedicación.

Eligiendo el calzado adecuado
Al momento de adquirir los zapatos para sus primeros pasos, es fundamental escoger un modelo que le proporcione estabilidad, equilibrio y protección, “Es importante que sujeten bien el tobillo, por eso se recomienda que sean de “caña alta”, que tengan una horma ancha para que el pie no quede apretado y ojalá sin realce interno (los ortopedistas hacen mucho hincapié en este punto). La suela puede ser de cuero o goma, siempre que sea flexible. Lo esencial es que no resbale. Si la suela fuese de cuero, ojalá que posea algunas partes de goma, precisamente para impedir que resbale. Los cierres pueden ser de velcro, hebillas o cordones, pero deben permitir que el calzado abra en forma amplia para que el pie del niño entre fácilmente y no quede en mala posición”, precisa el Dr. Saavedra.

Aléjalo de los peligros
Una vez que el menor es capaz de desplazarse con libertad, querrá tomar todo lo que encuentre, por eso es necesario crear un ambiente de estimulación en el que queden fuera todos los objetos peligrosos como: enchufes y elementos cortantes. Procura observar tu casa con ojo crítico para retirar todo aquello que pueda ser perjudicial para tu hijo. ¡No bajes la guardia!